jueves, 21 de noviembre de 2013

Aleppo Rewind (por Francesca Borri)

Ruinas en Aleppo después de un ataque aéreo (© Fotografía: Stanley Greene)

“Relax”, dice Ahmed. Mientras atravesamos el último checkpoint de camino a la ciudad, un disparo de mortero rasga de pronto el aire. “Ahora que estás en Alepo, estás a salvo”. Y gira su cabeza para esquivar a un francotirador.

En mi primera estancia aquí, hace poco más de un año, ni siquiera llevaba velo debajo del casco. Más adelante, después del velo, pidieron que me pusiera un jersey de manga larga. Después del jersey, algo para que cubriera mis tobillos. Hoy, incluso un anillo de boda: “Porque debes caminar siempre junto a un hombre; el hombre al que perteneces”. Y debido a esa regla de los islamistas -porque la sharía es para muchos de ellos más importante que Bashar al-Assad-, ahora a los crímenes del régimen se suman los crímenes de los rebeldes. A los periodistas se les niega el acceso -17 de los nuestros están en este momento desparecidos-. Así que mi casco es hoy un velo. Mi chaleco antibalas es un nijab. La única manera de entrar en Alepo es pareciendo siria. De forma clandestina, sin preguntas en la calle, sin ni siquiera una libreta en la mano. “Pero no es por el velo”, me advierte una señora que de inmediato se da cuenta de que soy extranjera por mi piel, por mis dedos: “Hoy, para parecer siria, debes tener un aspecto sucio, demacrado y desesperanzado”.

Alepo no es otra cosa ahora que hambre e islam. En la calle la gente lo vende todo, parece que hubieran esparcido por el suelo todo el cuarto de estar: teteras, televisiones, teléfonos, manteles, interruptores de luz, todo. Para ser precisa, pedazos de todo: porque en Alepo no hay más que ruinas. Alguien te vende un coche de bebé, otro sus ruedas. En las callejuelas más estrechas, para huir del fuego de mortero, los típicos columpios para las celebraciones de Eid al-Adha, la fiesta musulmana en honor a Abraham: los chicos están a la derecha con sus kalashnikov de juguete, las chicas a la izquierda, ya veladas, mientras dos padres yihadistas con sus barbas, djellaba y cinturones suicidas las impulsan con cuidado.

Alrededor de un millón de sirios sigue viviendo aquí, en las áreas bajo control del Ejército Libre –aquellos que no pueden permitirse pagar 150 dólares por un coche que les lleve a la frontera con Turquía. Docenas de niños harapientos, descalzos, desfigurados por las cicatrices de la última epidemia de leishmaniosis, caminan tras los pasos de sus madres que igualmente están descalzas y en los huesos, de negro de pies a cabeza, cubiertas por completo, todas con cuencos en la mano buscando pan en una mezquita como en Somalia, como en un lugar en ninguna parte en medio de Etiopía, con la piel amarillenta por el tifus. Y te atraviesan con su mirada mientras pasas a su lado como todos los verdaderos niños de la guerra: que nunca son aquellos que mostramos en los periódicos, en las televisiones –aquellos que sonríen con gratitud cuando les das una galleta-. Porque éstos son, de hecho, los verdaderos niños: exhaustos, con la boca cerrada, sus ojos conmocionados por el horror o acribillados por los misiles de Assad, y de cuyos restos, cabezas, y brazos están sembrados los hospitales, donde las víctimas siempre llegan a pares. Porque en Alepo, junto a un cuerpo, está siempre el cuerpo de alguien que se arriesgó a rescatarlo y fue disparado por un francotirador –aunque ahora los médicos también son niños, “porque aquí todos se fueron o han muerto, y aunque el mundo piensa en el gas, siguen matándonos de todas las formas restantes”, dice Abu Yazen de 25 años, estudiante convertido en jefe médico. Admite que no sólo no tiene vendas con las que cubrir sino que no sabe cómo tratar a la mayor parte de sus pacientes: “Porque una cosa es amputar una pierna, otra tener que afrontar una isquemia”. Fuera, en la entrada, hay un puesto con un cepillo y un cubo: es el único antídoto disponible contra un ataque químico. Y, por supuesto, fuera quedan los cuerpos sin identificación, muertos. Levantan la sábana blanca para asegurarse de que no es un hermano o un primo.

En teoría, las zonas en poder de los rebeldes cuentan con una administración civil, el Consejo Revolucionario, pero éste ha sido designado desde el exterior por la Coalición Nacional que es la oposición a Bashar al-Assad forjada de forma artificial por la comunidad internacional, y aquí la gente no la tiene en consideración. Al contrario, la acusan de que habla de Siria desde el confort de los hoteles turcos de cinco estrellas. En cualquier caso, la recién creada municipalidad recibió sólo 400.000 dólares de los donantes para rehabilitar la red eléctrica, desinfectar las calles, reabrir las escuelas; y pronto se quedó sin dinero –Lakhdar Brahimi, el enviado especial de la ONU para Siria, gana 189.000 dólares al año-. Así que, dado que los funcionarios municipales apenas ganan 25 dólares al mes, no existen motivos para el asombro cuando solicito un encuentro con el gobierno de Alepo y me encuentro frente a la corte islámica. O mejor dicho, siendo aquí una infiltrada, me descubro en casa de Luay, el portavoz de al-Qaeda. La silueta negra de su mujer llama y deja el café detrás de la puerta cerrada. Cada grupo rebelde tiene en la corte a su propio portavoz. Pregunto qué ley aplican y él responde: La sharía, sharía, tratando de explicarme que ellos no aplican ningún código escrito sino la voluntad de los jueces, “porque, de acuerdo a nuestra tradición, los jueces son expertos en jurisprudencia, son hombres sabios y distinguidos en los que confía su comunidad”. Claro que en Alepo, como de costumbre, se han ido todos o han muerto, de modo que los jueces ahora son también unos críos; Luay tiene 32 años. Antes de la guerra era abogado en prácticas. “Es verdad que no es fácil”, admite. “Primero, porque todo el mundo está armado aquí y no necesita a la corte para hacer justicia. Pero, sobre todo, no es fácil afrontar los crímenes cometidos por los guerrilleros. Pillaje, extorsiones. Cuando tratamos de proceder contra Nemer, el líder de una de las milicias más violentas, sus hombres rodearon el tribunal hasta que éste desestimó el caso”.

En compensación, el tribunal dictó una prohibición en una señal a la entrada a Karaj al-Hajez, comúnmente conocida como la callejuela de los francotiradores –porque es el cruce entre los dos lados de Alepo y, como si fuera un libro de Stephen King, está vigilado por los minaretes de una mezquita: cruzarlo es como jugarse la vida a los dados-. Y la señal advierte: Prohibido llevar comida. Porque si antes era el régimen el que asediaba y mataba de hambre el lado de la ciudad controlado por los rebeldes, son ahora los rebeldes, que han conquistado todas las carreteras hacia Alepo, los que asedian y matan de hambre el lado de la ciudad que controla el régimen. La gente se adhiere al cuerpo los trozos de carne, esconde los huevos en la caja de los televisores. Algunas veces alguien, de un disparo seco, muere. Y durante media hora, una hora, la callejuela queda vacía, el cuerpo permanece ahí bajo el sol, con un gato que lo olisquea. Entonces una primera persona, con timidez, asoma desde un lado de la calle, duda un instante y cruza, rápidamente. Una segunda, después una tercera. Pronto toda la callejuela se llena de nuevo de gente aunque el cuerpo sigue ahí. Los francotiradores aguardan pacientemente en sus minaretes.

Los sirios no hablan ya de “áreas liberadas”, sino de Alepo Este y Oeste. En sus teléfonos no te enseñan ya la foto de sus hijos o de sus hermanos asesinados por el régimen, sino simplemente la foto, la hermosa fotografía de lo que era Alepo antes de la guerra. Porque nadie aquí lucha ya contra el régimen; los rebeldes luchan ahora unos contra otros. Quienes no están saqueando o extorsionando están muy ocupado con el ISIS, iniciales del Estado Islámico de Iraq y el Levante, grupo relacionado con al-Qaeda cuyo fin es el califato –pretende que se le llame al-Dawlat, el Estado: un nuevo régimen. “Ahora somos incluso menos libres que antes”, dice uno de los pocos activistas que sigue vivo y que todavía se atreve a hablar [se omite su nombre por razones de seguridad]. “Porque en el pasado, si te alejabas de los políticos, nadie interfería en tus elecciones personales. Ahora te prohíben la música, el alcohol, los cigarrillos”. Aunque la línea del frente está completamente estancada. En la ciudad vieja, la primera unidad del Ejército Libre, en la que yo iba empotrada hace un año, sigue aquí. Todavía en los mismos cruces, todavía tratando de repeler a los mismos francotiradores. Duro trabajo; han vendido los kalashnikov para pagar el tratamiento de los heridos. Salaheddin sigue siendo el mismo. Casas devastadas por el fuego de artillería que siguen vacías. En las destruidas, se balancea con el viento una lámpara, una cortina, fósiles de vidas normales. En una esquina, acurrucado en una silla, el típico gato que parece dormido; y en realidad está muerto. En un día de combates, de los habituales combates metro a metro, avanzamos cinco manzanas. Entonces nos quedamos sin munición. Y retrocedemos. Con 7 hombres menos.

La guerra se ha convertido en algo tan natural en esta ciudad, parte integral, que la hierba ha crecido entre los escombros. Con el fuego de mortero, los niños ni siquiera vuelven las cabezas. Sólo con las ráfagas de kalashnikov empieza la discusión: “Es un doshka”, dice Ahmed, de 6 años. “No, es un kalashnikov”, dice Omar, también de 6. “¿Lo ves? Es más ligero que un draganov”.

La línea del frente más emblemática, la verdadera línea del frente, al fin y al cabo, es Bustan al-Qasr: porque ha sido siempre el epicentro de las manifestaciones de los viernes, el desencadenante de todo. Pero hoy sólo se concentran niños. Porque todos se han ido o están ya muertos: y aquellos que ni se fueron ni murieron simplemente están desaparecidos. Como Abu Maryam, el más destacado de los activistas. La concentración está liderada por su sobrino, Nasma, de 10 años. Ni siquiera tienen combustible, tienen que empujar el coche que lleva los altavoces.

Por el contrario, quienes no han desaparecido son los del campamento próximo del IDP [Personas internamente desplazadas], al amparo del río. Toda la ribera está llena de escombros y chabolas; no son casetas, no son ni cuevas sino pedacitos de cosas, láminas de metal, tablas, trozos de plástico –montones, montones de trozos de cosas, y en algún momento de pronto te das cuenta de que estás en medio de ellas, entre mujeres, niños, ancianos, lisiados y mudos, sus bocas sin dientes, un chico con Síndrome de Down por el suelo, con su cena de arroz y lombrices sobre un pedazo de cartón. Vuelves a Alepo, una y otra vez, y en medio del IDP todo sigue igual; sólo cambian los nombres. Ibtisam Ramdan, de 25, vivió aquí con sus tres hijos y con la tuberculosis, en una verdadera cloaca. Pero ella se aventuró un día junto al más joven para conseguir pan y sólo encontró a un francotirador. Sus otros dos hijos se morían de hambre: demasiado peligroso llegar hasta ellos. Hasta que el mortero los redujo a polvo en este Alepo lleno de tumbas por todos lados, incluso en el aire, ese monumento al civil desconocido que no tiene límites.

Unos pocos metros más arriba, delimitando Alepo Este de Alepo Oeste, el río todavía devuelve el lívido recuerdo de los hombres ejecutados por la espalda con una bala en la cabeza, esposados. No está muy claro quiénes son. ¿Rebeldes ejecutados por leales o leales ejecutados por rebeldes? Depende del punto de vista –o quizá tan sólo de la corriente.

Francesca Borri

Francesca Borri es una periodista italiana. Este artículo ha sido publicado en el diario alemán Die Welt y traducido al castellano por Carlos Pérez Cruz, en exclusiva para este blog, con el permiso de la autora. Aquí puedes leer y escuchar una entrevista en profundidad con Francesca Borri publicada en 'El Asombrario & Cía' el pasado 10 de agosto de 2013.

viernes, 4 de octubre de 2013

Carne Cruda 2.0 (Entrevista a Eugenio García Gascón)

Eugenio García Gascón, Javier Gallego 'Crudo', Ana Alonso y Carlos Pérez Cruz (Foto: Mikel Ayestarán)

Emisión del viernes 4 de octubre de 'Carne Cruda 2.0' en la web de la Cadena SER en la que hemos conversado con Eugenio García Gascón sobre Palestina con motivo de la publicación de "La cárcel identitaria" (Libros del KO). Hemos viajado allí a través de los sonidos y los testimonios de palestinos e israelíes y la compañía de teatro Vuelta de Tuerca ha representado la obra "Siete niños judíos" de Caryl Churchill.

Eugenio García Gascón, notas de una presentación

Eugenio García Gascón, corresponsal en Jerusalén

Aquí puedes leer la transcripción de las palabras del periodista Eugenio García Gascón durante la presentación de su libro 'La cárcel identitaria' (Libros del KO) en la librería 'Tipos Infames' de Madrid el 24 de septiembre de 2013. García Gascón trabaja en la actualidad como corresponsal en Jerusalén para el diario 'Público', donde mantiene un blog titulado 'Balagán'. A partir de este libro, y sobre el trabajo y visión de su autor, publiqué hace unos meses esta entrevista en 'El Asombrario & Cía' 


Involución

Creo que en Oriente Medio hay una involución muy grande y afecta tanto a los países islámicos como a Israel, se ve en todas partes. En el caso de Israel es una involución que tiene dos vertientes: religiosa y nacionalista. Me centraré en la religión. Hay un dato que se publicó hace cuatro o cinco años y que no ha trascendido a Occidente pero que me parece muy revelador. Lo publicó la prensa hebrea, concretamente el diario ‘Maariv’, que decía que en las reuniones del Estado Mayor del Ejército, el 40% de los militares que acuden a esas reuniones, llevan kipá. La kipá es el solideo con el que se cubren la cabeza los judíos religiosos. Es un dato muy importante porque nos revela hasta qué punto la involución es importante en la sociedad israelí. Cuando el Estado de Israel se fundó en 1948, el ejército que había entonces, la Haganá, no tenía ni un oficial, ni siquiera ningún soldado, con kipá. Eran todos laicos. Hoy el 40% de los responsables del Estado Mayor y un gran número de soldados llevan kipá. Esto indica lo que ha ocurrido en los últimos sesenta años, especialmente en los últimos 20 o 25 años. Es una involución clara.

En el mundo musulmán está ocurriendo algo parecido con la religión. Estamos viendo ahora el resurgir de la religión, pero es un fenómeno que lleva ocurriendo al menos 20 0 30 años como mínimo. Estamos viendo lo que está pasando en Siria, en Iraq o en Egipto, la importancia que tiene la religión. Creo que este fenómeno de involución, que comparten las dos partes, es un fenómeno que no se explica siempre por razones económicas. Creo que una interpretación marxista puede ser correcta y puede explicar el fenómeno en algunos casos pero no siempre es económico, es algo también de la intrahistoria de los pueblo. Los pueblos, a veces, giran como un péndulo en una dirección u en otra independientemente de razones económicas. Los historiadores marxistas también tienen razón, pero la economía no lo explica todo. Por ejemplo, en Israel o en Arabia Saudí la economía es boyante y son países en los que hay una involución religiosa muy importante.

En Egipto, los Hermanos Musulmanes han ganado las cinco últimas elecciones que ha habido en los dos últimos años. Esto sin contar la importante presencia en Egipto de los salafistas. Otra indicación de la involución que se vive en la zona.

Primaveras árabes

El patriarca de los maronitas del Líbano, Béchara Raï -es cardenal católico, porque los maronitas son católicos de otro rito-, hizo hace quince días unas observaciones muy interesantes. Dijo que él no está de acuerdo con llamar al fenómeno que está ocurriendo desde Túnez hacia el Este como ‘primaveras árabes’. Él cree que es un ‘invierno árabe’. Da algunas razones para explicar por qué piensa así. Dice que todo lo que se ha hecho en los últimos 1400 años, desde la llegada del islam a la región, por la convivencia y por la cohabitación entre musulmanes y cristianos, se está yendo a pique con las revoluciones árabes. Pongamos el caso de Iraq como ejemplo. En Iraq, cuando vivía Saddam Hussein, que fue presidente hasta el año 2003, había 1.400.000 cristianos. Hoy día no llegan a 500.000. La población cristiana se ha reducido en un 60%. Esta gente ha emigrado porque no puede vivir allí debido al empuje de la religión, que es muy fuerte. Y eso empieza a pasar también en Siria donde muchos cristianos están luchando con el régimen pero otros están empezando a emigrar porque no ven ningún futuro. El patriarca maronita cree que esta es una indicación de que estamos ante un ‘invierno árabe’ y no una ‘primavera árabe’. Yo podría añadir que durante esta ‘primavera árabe’ la situación de la mujer se ha ido deteriorando sensiblemente en estos países. La democracia que se llevó a Iraq ha hecho que las mujeres hayan retrocedido mucho en la historia de ese país. Antes, con Saddam Hussein, las mujeres tenían libertad para ir vestidas como quisieran y te hablaban de cuestiones políticas, religiosas, culturales, sociales, de cine, de teatro… Hoy día, muchas de estas mujeres están otra vez encerradas en esa prisión que es la túnica con la que se cubren.

La semana pasada, Henry Kissinger dio una entrevista en la que hablaba del conflicto de Siria y decía que es una guerra ideológica, de chiíes contra suníes. En parte es así, una guerra ideológica del Partido Baaz, de una ideología laica, contra una ideología religiosa. Esta lucha ha estado reprimida durante décadas por el Partido Baaz. Hoy está desenfrenada. Es también una guerra de religión. Los suníes odian a muerte a los chiíes. No todos, pero sí una gran mayoría. Esto está llevando a muchos países de la región, como Arabia Saudí o Catar, a financiar a los rebeldes que luchan contra el régimen laico. Porque es, en gran parte, un régimen alauí y, por tanto, chií. Los suníes sienten un profundo ocio hacia los chiíes y esto explica mucho lo que está ocurriendo tanto en Irán como en Siria o en Líbano.

Exportación de la democracia

Desde el año 2003 se han intentado exportar la democracia a los países de Oriente Medio y se ha hecho al coste que fuera. Y el coste está siendo muy alto, especialmente para la gente local que está pagando con el éxodo o con la muerte esta exportación de la democracia occidental. En los años 2000, especialmente al principio, la administración americana, cuando ganó las elecciones Bush hijo, se nutrió de una serie de ideólogos neoconservadores. Una ideología que estaba creciendo en Norteamérica, especialmente en las élites, desde los años 60. En el año 2000, con la victoria de Bush, esta ideología ya controlaba el Departamento de Estado y otras partes. Esta fue la ideología que decidió llevar la democracia a Oriente Medio al coste que fuera. Una ideología horrorosa si nos atenemos a las consecuencias, especialmente para las minorías, las mujeres y los cristianos.

Eugenio García Gascón y Mikel Ayestarán en la librería 'Tipos Infames' de Madrid

Despotismo ilustrado

El despotismo ilustrado es una especie de régimen que ha existido en muchos países árabes en las últimas décadas. En Egipto con Mubarak, en Siria con Asad o en Iraq con Saddam Hussein. Quizá os parezca un poco exagerado hablar de despotismo ilustrado pero ha sido un despotismo que ha permitido que las minorías puedan vivir en paz y desarrollarse armónicamente. También que las mujeres vayan a las universidades. En las universidades de Damasco era mayor el número de mujeres que el de hombres. Todo esto ha sido posible porque el régimen lo permitió y lo impulsó y está tendiendo a desaparecer y va a tender a desaparecer. 

El otro día leí una frase Goethe que me llamó la atención y que propongo como reflexión. Decía en uno de sus libros que la injusticia es mejor que el desorden. Es un tema que está abierto. Habrá gente que piense de una manera o de otra pero el desorden y el caos que está ocurriendo ahora mismo en el mundo árabe es tremendo para la población.

Recuerdo una anécdota de la primera vez que fui a El Cairo en el año 87. Tenía una amiga que era profesora de Historia Medieval en la Universidad Americana de El Cairo. Estuve unos días en su casa y una noche le dije: “Vamos a cenar al Nilo”. Y ella decía que no. Le insistía y ella que no. Le insistí tanto que cedió y un día fuimos a cenar. Por la carretera, la policía egipcia nos paró en tres o cuatro controles. En cada control la trataban como a una prostituta. Eso pasaba con Mubarak. ¿Qué no pasará sin Mubarak? Mi reflexión es la siguiente: ¿es mejor un régimen dictatorial que permite, hasta cierto punto, libertades personales o un régimen religioso que no las permite y no las tolera? El único caso que yo conozco en el que un régimen islámico es tolerante, y realmente muy tolerante, es el régimen  chií que funciona en los barrios del sur de Beirut. Allí puedes ver a mujeres vestidas más ligeras de ropa que aquí en Madrid y a mujeres tapadas completamente. Los chiíes libaneses permiten eso. No pasa en ningún otro lugar donde haya un régimen islámico. El de Líbano es un experimento que no ha trascendido a otros países de la región.

Paz entre Israel y Palestina

La paz entre israelíes y palestinos me parece imposible. Se han reanudado las conversaciones de paz. Es la enésima vez que negocian. Creo que están condenadas al fracaso. Las dos partes mantienen posiciones muy alejadas. Israel está expandiendo cada día la colonización en los Territorios Ocupados y los palestinos no tienen a ningún valedor internacional. Mientras no haya una fuerte presión de la comunidad internacional sobre Israel no habrá paz. La única paz que puede llegar a Oriente Medio es una paz impuesta, no negociada, porque no pueden negociar dos partes tan separadas entre sí, una con toda la fuerza y otra con toda la debilidad. Estoy ya se ha demostrado que es inviable durante los últimos veinte  años y no creo que sea el camino correcto, aunque Estados Unidos insiste, como Israel, en que tiene que haber una negociación directa. Insisto, esto se ha revelado como una vía abocada al fracaso.

El peso de Israel en Estados Unidos

La presión de Israel en Estados Unidos. Los grupos de presión son tan grandes que, por ejemplo, hace unos días hubo una votación en el Senado para apoyar a Israel y 99 senadores de los 100 votaron a favor. El número 100 no votó porque no estaba, si no hubiera votado a favor. Esto  nos explica un poco cuál es la función de Estados Unidos en la paz en general en la región y en la exportación de las democracias. Es una actitud que responde a unos intereses de colonización y de Israel y no a los intereses de la región.

A principios de año, con el cambio de administración tras la segunda victoria de Obama, el presidente designó como Secretario de Defensa a William Hagel, que es un político que en el pasado había criticado a Israel. Durante las comparecencias que hizo en el Senado, no sólo no criticó a Israel sino que hizo una encendida defensa. Se debatió largamente la situación en Oriente Medio. A Hagel le preguntaron en 27 ocasiones por Afganistán. Allí están luchando soldados estadounidenses y mueren continuamente soldados. Es comprensible que los congresistas sientan preocupación por los soldados americanos y pregunten 27 veces a Hagel por Afganistán. Pero es que en esa misma comparecencia le preguntaron en 137 ocasiones sobre Israel, lo que nos indica de nuevo la importancia que juega Israel en la política exterior norteamericana.

Otro dato orientativo es que hace unos días, cuando Estados Unidos envió los portaaviones y los navíos a las costas de Siria para atacar Siria, el presidente tenía dificultades para conseguir el apoyo del Congreso en este ataque.  ¿Qué se le ocurrió a Obama para conseguir el apoyo del Congreso? Se le ocurrió llamar a Netanyahu y pedirle que hablara con los congresistas americanos por teléfono para convencerlos de que debían atacar Siria. Cuando una política como la de Estados Unidos, que es la que delimita el mundo y todo lo que ocurre, depende de esta manera de Israel, Estados Unidos dudosamente está defendiendo sus intereses sino que está defendiendo los de Israel.

En la fotografía, fila de arriba, de izquierda a derecha: Eugenio García Gascón, Mikel Ayestarán, Juan Miguel Muñoz y Carlos Enrique Bayo. Abajo, izda a dcha: Miguel-Anxo Murado, Juan Cierco, Naiara Galarraga e Íñigo Sáenz de Ugarte.

Lo que se dice VS Lo que se hace

Me gustaría daros un consejo. Cuando leáis los periódicos –una cosa que ya está cayendo en desuso-, haced caso, especialmente cuando se trata de Oriente Medio y de Israel, no a las informaciones que salen muy frecuentemente sobre lo que se dice sino a las informaciones sobre lo que se hace. En el caso de Israel esto es flagrante. Una cosa es lo que se dice, otra lo que se hace. En cambio, una gran parte de la prensa hace mucho caso a lo que se dice. Eso provoca una gran desinformación en la gente, no sólo en este país sino en occidente en general.

Medievo

Yo tuve una formación de medievalista, me interesó Oriente Medio por la Edad Media. Hay un historiador holandés que se llama Huizinga que escribió a principios del siglo pasado un libro titulado “El otoño de la Edad Media”. Este señor explicaba cómo era la Edad Media, las características de la Edad Media. Y decía es que era una época en la que todo se vivía con intensidad, donde todo se  vivía con extremos: los colores eran extremos, los olores eran extremos, el amor era extremo, el odio era extremo, la pasión era extrema… ¡Todo era extremo! Quienes hayáis estado en países de Oriente Medio, en un bazar, por ejemplo, habréis visto cómo los colores y los olores son extremos para nuestra mentalidad. Algo de esto extremo y medieval perdura en la sociedad contemporánea de Oriente Medio y me parece que esa explicación es válida tanto para la Edad Media europea como para la época contemporánea en Oriente Medio.

Transcripción y fotografías de la presentación del libro: Carlos Pérez Cruz

domingo, 29 de septiembre de 2013

Lea Tsemel: “Los palestinos tienen la obligación y el deber de resistir la ocupación”

Lea Tsemel (Fotografía: Carlos Pérez Cruz)

En toda situación extrema surgen personas extraordinarias dispuestas a sacrificarse por los demás. Ser abogada y defender a palestinos en Israel es un sacrificio extraordinario, sobre todo si no se ejerce de oficio y sí por convicción. Lea Tsemel (Haifa, 1945) es uno de esos valiosos (por demasiado escasos) asteriscos dentro de un país cuyas políticas de colonización de territorios palestinos requieren la ciega unanimidad de su pueblo (y el muy sonrojante cinismo y beneplácito por inacción de la comunidad internacional) para llevarlas a cabo. Las voces disidentes lo pagan, como mínimo, con el desprecio. Con una edad que a muchos habría hecho disfrutar de la jubilación, Lea admite seguir teniendo “mucho trabajo por hacer”. Recibe a ‘El Asombrario & Co.’ en el hotel de Iruñea – Pamplona en el que se aloja durante su participación en un curso de verano sobre derecho internacional y derechos humanos en Palestina, organizado por la Universidad Pública de Navarra y la ONG Sodepaz. Parece cansada y se confiesa triste por no haber podido compartir estrado con su colega en Gaza Raji Sourani. Le han impedido viajar a España. Nada más simbólico que un curso sobre Palestina con la obligada intervención por videoconferencia de alguien al que Israel ha impedido salir de la cárcel en que ha convertido Gaza.

Toda una vida en defensa de los derechos de los palestinos. ¿Cuál ha sido el precio personal que has pagado por hacerlo?

No creo haber pagado un precio personal. Mi hijo, que ahora tiene cuarenta años, pagó un precio en su juventud porque sufrió ataques por ser hijo mío. Creo que la gente tenía miedo de atacarme a mí de forma directa. O quizá es que fallaron o que yo era tan idealista que si tenía un precio que pagar lo pagué sin enterarme.

¿Te consideras, de algún modo, una persona idealista?

¡De algún modo! (Risas). De algún modo sí.

Israel es un país verdaderamente complejo. Es injusto tratar de reducir su complejidad humana y su diversidad pero es verdad que la naturaleza del propio país, cómo éste ha sido creado y lo que el país significa e implica, define a sus ciudadanos más que en otros países. Cada país tiene sus propias circunstancias y cosas de las que avergonzarse aunque, por supuesto, la gente trata de hacer su vida lo mejor que puede. ¿Es la realidad de Israel tan particular que sería especialmente injusto e incluso inmoral vivir allí sin tener en cuenta lo que Israel hace con los palestinos?

La vida en Israel es muy particular. En primer lugar, porque es un Estado muy joven en el que la gente siente que todo está empezando. Recibimos una educación muy patriótica y nacionalista. Es muy difícil salirse de la línea patriótica que trazan para ti en la escuela, en los movimientos juveniles o en el ejército, por el que tiene que pasar todo el mundo. Así que es bastante difícil escapar de eso, quedar al margen de la gente “normal”, de un ambiente en el que todo el mundo quiere lo mismo. Y además hay un miedo existencial que quizá no se encuentra en la vida cotidiana pero sí en la permanente amenaza de las guerras, siempre hay una guerra en el horizonte, un ataque… Y, ¡sobre todo!, no olvides que nos situamos a nosotros mismos como enemigos del progreso, como enemigos de la libertad, como enemigos de la democracia, como enemigos de todo lo que sea progreso y mirar hacia el futuro. (Israel) es, en sí mismo, la fuente de sus propios miedos. Cuando hay miedo la gente quiere sentirse unida, cantar al unísono. Así que lo hace más difícil.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Todos los caminos están cerrados (Capítulo 11)

Contenidos del undécimo programa de Todos los caminos están cerrados:

Ilya U. Topper (Foto: Carlos Pérez Cruz)

Entrevista con el periodista Ilya U. Topper (Almería, 1972). Periodista de origen familiar alemán, nacido en 1972, su infancia transcurrió entre Marruecos y España. A lo largo de su trayectoria profesional ha trabajado en Líbano, Uzbekistán o Iraq, entre otros países. En 2001 se infiltró durante casi un mes en un asentamiento de colonos judíos en Cisjordania, en los Territorios Ocupados de Palestina. En la actualidad reside en Estambul donde ha trabajado para medios como el diario 'El Mundo' o, en la actualidad, para la Agencia EFE. Es, además, uno de los coordinadores de la revista digital Mediterráneo Sur. Con él charlamos en un café de Madrid sobre la actualidad de algunos de los países de la región y sus diferentes problemáticas: de Turquía y sus recientes revueltas, de la situación de la cuestión kurda, de la guerra de Siria, de Israel y Palestina o de Egipto, entre otras cuestiones. A lo largo del programa escuchamos música de Javier Ruibal, Joan Manuel Serrat y Yasmin Levy seleccionada por el invitado.


viernes, 13 de septiembre de 2013

José Antonio Martín Pallín: “Israel tiene una carencia absoluta de valores democráticos”


Magistrado emérito del Tribunal Supremo, el gallego José Antonio Martín Pallín (A Coruña, 1936) ha sido uno de los ponentes del curso de verano organizado por la Universidad Pública de Navarra y la ONG Sodepaz titulado ‘Derecho Internacional y Derechos Humanos: alternativas para el cumplimiento de la legalidad en Palestina’, celebrado los días 4 y 5 de septiembre en Iruñea – Pamplona. Martín Pallín es miembro del Tribunal Russell sobre Palestina que, en sesión celebrada en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) en 2011, concluyó que Israel practica un sistema de ‘apartheid’ con los palestinos. El magistrado, que también presidió la Asociación pro Derechos Humanos de España, compartió desayuno en su hotel con El Asombrario & Co. al día siguiente de su conferencia sobre la “convivencia jurídica” de España con Israel, un país para el que la Biblia puede servir como contrato de propiedad de la tierra. Y claro, “cuando a un jurista le invocan a Yahvé… ¡Yo no puedo hablar con Yahvé!”.

Texto y fotografías: CARLOS PÉREZ CRUZ

Hablamos en el marco de unas jornadas tituladas Derecho Internacional y derechos humanos: alternativas para el cumplimiento de la legalidad en Palestina. Desglosemos. Derecho internacional. Israel, líder mundial en incumplimiento de las resoluciones. En definitiva, campeón mundial de la violación del derecho internacional.

Efectivamente. Y además, sin que haya merecido un reproche por parte de los países con más solera democrática y con más tradición y potencia en el mundo internacional. Esto quiere decir que goza de una cierta patente de corso por una serie de razones que sería largo enumerar. En estos momentos, quizá por su posición geoestratégica dentro de ese espacio convulso que es Oriente Próximo.

Derecho internacional y derechos humanos. ¿De qué forma se traduce en Israel el incumplimiento de los primeros en la violación de los segundos?

Esa patente de corso, a la que me he referido, ha dado lugar a que el Estado de Israel, que ha sufrido durante un periodo de tiempo atentados graves, atentados suicidas –atentados como han sufrido España, Inglaterra y otros países como Estados Unidos-, haya reaccionado con una política sistemática de ejercicio de la fuerza al margen del Derecho. Ha institucionalizado las torturas y, sobre todo, ha adoptado medidas que han merecido el reproche de la comunidad y de los organismos internacionales, como la construcción del muro.

El título de las jornadas procura la búsqueda de “alternativas para el cumplimiento de la legalidad en Palestina”. Dejemos esa búsqueda en particular para más adelante, rebusquemos ahora en la experiencia personal de José Antonio Martín Pallín. ¿Cuándo viajas allí por primera vez? ¿Con qué idea viajas? ¿Con qué idea regresas?

Tendría que comprobar la fecha, porque soy un desastre, pero creo que en 2006 o 2007 mediante una iniciativa en la que participaban la Asociación Pro Derechos Humanos de España y varios organismos. Estuvimos diez días. Tuvimos oportunidad de recorrer la zona de norte a sur. Nos tuvimos que dividir. A mí me tocó la zona de Hebrón -que es muy significativa, como todo el mundo sabe-, Belén, etcétera. Algunas cosas las hicimos conjuntamente. 

En primer lugar, no te puede dejar insensible la militarización. La imagen común en la mayor parte de los sitios es la de soldados con casco y armamento de guerra que, además, no cumplen funciones estrictamente militares sino policiales, de control de la población. No se dedican exclusivamente a detener a personas sospechosas de actos de terrorismo o de pertenencia a organizaciones terroristas, sino que fundamentalmente se dedican a impedir que la vida cotidiana de las comunidades palestinas transcurra con normalidad. Controles a mujeres, niños y ambulancias, cortes sorpresivos de la circulación, dificultades para recibir asistencia médica -no ya solamente de urgencias sino la del día a día-, incertidumbres incluso sobre si puedes llegar o no al colegio o a la universidad. Y una prepotencia y una arrogancia que… Me llamó la atención que la población palestina, sobre todo las mujeres y los niños, ha aprendido, yo creo que instintivamente, nadie se lo ha enseñado, a mirar muy fijamente a los soldados. Eso me llamó la atención. Había una especie de, por un lado, humillación y resignación pero, por el otro, también desafío. Y me dio la sensación de que algunos soldados no soportaban bien la mirada. Al fin y al cabo, son seres humanos y habrá de todo.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Todos los caminos están cerrados (Capítulo 10)

Contenidos del décimo programa de Todos los caminos están cerrados:

José Antonio Martín Pallín (Foto: Carlos Pérez Cruz)

Entrevista con el fiscal y magistrado emérito del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín (A Coruña, 1936). Ha sido presidente de la Asociación Pro Derechos Humanos de España y forma parte del Tribunal Russell sobre Palestina que, en sesión de 2011 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), concluyó que Israel practica políticas de apartheid con los palestinos. Martín Pallín participó en un curso organizado por la Universidad Pública de Navarra y la ONG Sodepaz bajo el título de "Derecho Internacional y Derechos Humanos: alternativas para el cumplimiento de la legalidad en Palestina".