sábado, 9 de agosto de 2014

Violencia que no explota

El tercer relato aborda la cuestión de cómo la violencia 
puede destruir la dignidad de una persona. Para recuperarla, esa persona 
empleará también, muy probablemente, la destrucción. 
(Jia Zhang-ke, director de la película “Un toque de violencia”)

Me contaba mi peluquero que, conversando con uno de sus clientes, salió el tema de Gaza. “Estos de Hamas son los que destruyen iglesias”, le escuchó decir. Que eso no sea cierto, no importa; que Israel haya destruido 63 mezquitas en lo que vamos de “Margen Protector”, es lo de menos; que haya víctimas cristianas en Gaza por ataques israelíes, menudencias. Es lo que tiene nuestra limitada y estereotipada visión del mundo, en la que marroquíes y palestinos son “moros” y los persas árabes.

Las cosas son a veces lo que parecen, sólo que en determinados casos la tozuda constancia de la realidad se tiene que enfrentar con una tozudez todavía mayor, la de nuestra incapacidad para (querer) comprender. Porque, claro, siendo Israel la autoproclamada única democracia de la región y siendo Israel un pretendido Estado judío (lo cual eliminaría de facto la condición ciudadana de ese 20% de palestinos israelíes y otras minorías no judías), ¿cómo va a hacer algo mínimamente parecido a lo que les hicieron a ellos? Obviando el pequeño detalle de que a una enorme cantidad de ciudadanos israelíes nada les hicieron (si acaso a los antepasados de una parte de su población) y que ellos sí hacen, cabría preguntarse qué tiene que ver con una democracia la ocupación ilegal de territorios, la práctica de políticas de apartheid, la construcción de un muro ilegal o el bloqueo y asedio de Gaza. Bombardear a la población civil, destruir barrios enteros (incluidas las 63 mezquitas) es precisamente lo que se espera del terrorismo que Israel dice combatir.

El cliente de mi peluquero es el mismo tipo de persona a la que sí, le parece una barbaridad lo que está haciendo Israel en Gaza…, para añadir acto seguido que esos de Hamas tiran cohetes. Que por qué los tiran, que si dejaran de tirarlos se acabarían los bombardeos y habría paz y no morirían más niños de esos que mueren bajo las bombas de Israel, aunque en realidad son los palestinos quienes los matan porque los usan como escudos humanos, y además Hamas lo que quiere es que sus hermanos, padres, primos, amigos, mujeres... mueran porque cuantos más palestinos muertos, mejor. Por supuesto Israel, que es muy demócrata (y ya sabemos lo sentidos que son los demócratas), lamenta mucho la muerte de esos niños, pero de verdad, que nada tienen que ver nuestras bombas, aunque esté documentado que a lo largo de los años muchos niños han sido objetivo de nuestras mirillas.

Es probable que si esos de Hamas dejaran de tirar cohetes Israel dejaría de lanzar bombas (aunque las estadísticas digan que la violación del alto el fuego entre noviembre de 2012 –“Plomo Fundido”- y julio de 2014 –“Margen Protector”- haya sido israelí por una abrumadora diferencia) y regresaría la ansiada paz. Es decir, Gaza podría volver al fin a disfrutar del bloqueo de su angosto terreno, lo que simplemente convierte la vida cotidiana en pura supervivencia y reduce las opciones personales y colectivas a ninguna. Eso, claro, no es violencia, de modo que los bombardeos de Israel son siempre en respuesta a los lanzamientos de cohetes, nunca éstos en respuesta al ahogo carcelario con el que Israel (con la inestimable colaboración de esa democracia sin mácula que es el Egipto de al-Sisi) somete a la población de Gaza. Eso no es violencia… porque no explota.

Hamas ha insistido por activa y por pasiva que si no se levanta el bloqueo no detendrá el lanzamiento de cohetes. Según el periodista Eugenio García Gascón, que lleva en la región desde 1991, “es una opinión extendida que si no lo consiguen con los cohetes no lo van a conseguir en la mesa de negociaciones, porque ya ha habido experiencias anteriores que lo han demostrado y ésta no va a ser una excepción. Ellos lo saben y por eso están resistiendo a pesar de las enormes pérdidas civiles que está causando esta guerra. Las pérdidas son incluso menores que las que causa el bloqueo permanente de la Franja de Gaza, que ya dura siete años”.

Siete años de bloqueo son muy difíciles de explicar en unas pocas líneas, y menos a través de mensajes en Twitter. Sin embargo, sirvan estos 20 tuits de Raquel Martí, directora ejecutiva de UNRWA España, para apuntar algunas de las condiciones de la (no) vida bajo bloqueo en Gaza.

  1. El bloqueo es un castigo colectivo, ilegal según la legislación internacional. 
  2. El bloqueo ha hecho colapsar la economía en la Franja de Gaza y reducir a la población a la dependencia de la ayuda humanitaria. 
  3. El bloqueo impide la reunificación familiar, volver a reencontrar familiares y amigos. 
  4. El bloqueo ha impedido actualizar conocimientos a profesionales de Gaza, al no poder cursar cursos especializados en otros países. 
  5. El bloqueo ha impedido a muchos doctorando ir a cursar estudios de pre y post doctorado a universidades extranjeras. 
  6. El bloqueo ha impedido a muchos enfermos recibir tratamiento médico especializado fuera de Gaza. 
  7. El bloqueo impide sobrevivir a 40.000 personas que dependen de los recursos pesqueros. 
  8. El bloqueo impide a los pescadores faenar en el 85% de las aguas territoriales de Gaza 
  9. El bloqueo impide cultivar en el 35% de las tierras agrícolas de Gaza. 
  10. El bloqueo impide reparar la planta de aguas residuales. Se vierten 90.000 m3 de aguas residuales diarias al Mediterráneo. 
  11. El bloqueo ha dejado a los hospitales sin medicamentos esenciales y suministros médicos. 
  12. El bloqueo impide la entrada de combustible para la central eléctrica, reduciendo a 4 y 8 horas de electricidad antes de la ofensiva. 
  13. El bloqueo limita la entrada de gas necesario para poder cocinar en los hogares. 
  14. El bloqueo limita la entrada de tecnología y maquinaria. 
  15. El bloqueo prohíbe la entrada de materiales de construcción. Son denominados de “doble uso”, civil y militar. 
  16. El bloqueo dilata en el tiempo los proyectos de construcción/reconstrucción de escuelas y hospitales de UNRWA aprobados por Israel. 
  17. El bloqueo impide la libre circulación de bienes y mercancías necesarias para la vida y el comercio.
  18. El bloqueo priva de derechos y desprotege a la población. 
  19. El bloqueo impedirá la reconstrucción de Gaza y condenará a la población a la absoluta pobreza. 
  20. El bloqueo privará de futuro a los 1,8 millones de habitantes de Gaza
Y ahora, si quieren, hablamos de cohetes.

Carlos Pérez Cruz

lunes, 4 de agosto de 2014

Eugenio García Gascón: “La ofensiva en Gaza ha costado menos vidas que los siete años de bloqueo israelí”

Eugenio García Gascón (Barcelona, 1957) es el decano de la prensa española en Jerusalén, donde reside desde 1991, y desde donde ha ejercido de corresponsal para diversos medios. El año pasado presentó el libro La cárcel identitaria, un dietario del conflicto árabe-israelí. Durante una parte de la actual ofensiva de en Gaza, bautizada por Israel como 'Margen Protector', García Gascón ha estado informando desde la Franja sobre la red de túneles que Israel busca destruir o sobre los colaboracionistas palestinos con el ejército ocupante. Entrevista que puedes escuchar en nuestro podcast o leer aquí en su transcripción.

Eugenio García Gascón en Gaza (Fotografía: Mikel Ayestarán)



Dado que el periodista no debe ser la noticia, sino quien nos las haga llegar, suele ser mala noticia cuando lo es. La periodista de TVE, Yolanda Álvarez, ha sido acusada por la portavoz de la embajada israelí en España de ser “correa de transmisión de Hamas”. ¿Cómo lo interpretas? 

Es una presión más. Después de todo lo que está sucediendo en la Franja de Gaza, después de los bombardeos indiscriminados contra civiles que se producen a diario desde el día 8 de julio, es natural que se produzca cierto nerviosismo entre las personas que trabajan para Israel, especialmente fuera del país, y que tienen la obligación de defenderlo. Quizá no les ha gustado ver lo que está pasando realmente en Gaza, pero Yolanda no tiene ninguna culpa de lo que sucede, simplemente lo transmite. 

Según Reporteros Sin Fronteras, “Israel intimida a los periodistas españoles destacados en Gaza”. Añaden que “la Embajada de Israel en España mantiene una perpetua actitud de intimidación a los periodistas españoles”. Lo esperable es que el medio defienda su independencia y la independencia de sus periodistas, pero en estos días hemos asistido hasta a cuatro modificaciones del titular de un mismo artículo en un periódico –que cambiaba obviamente el sentido de la información-, o en otro se publicaba desde Tel Aviv, y sin pruebas, una doble página bajo la premisa de que Hamas utiliza escudos humanos. ¿Son cooperadores por intimidación o los hay voluntarios? 

Se dan los dos casos. Sobre Oriente Medio, sobre el conflicto árabe-israelí, hay mucha información, pero hay más desinformación. Estos casos que comentas forman parte de la desinformación. En algunos casos se hace de manera inocente, en otros de forma deliberada. Habría que ver el background de cada caso para determinar si es voluntario o involuntario. En general se puede decir que, sobre este conflicto, hay más desinformación que información en los medios de comunicación. Es cierto que muchas veces hay autocensura, porque el periodista sabe que una crónica crítica con la situación puede traerle problemas en algunas cosas y los evita autocensurándose. 

Israel, que impide a los periodistas israelíes entrar en Gaza, intentó que los periodistas internacionales salieran de la Franja y les advirtió de que Hamas los utiliza frecuentemente “como escudos humanos”. ¿Has sido utilizado como escudo humano o te consta que cualquier otro periodista lo haya sido en alguna ocasión? 

En absoluto, pero es cierto que los israelíes han dicho que nos convierten en escudos humanos. Yo no me he sentido en ningún momento escudo humano, he ido a los lugares que me parecía que tenía que ir y que consideraba que no revestían mucho peligro, y no me he considerado jamás un escudo humano. Creo que forma parte de la desinformación y de la propaganda. Yo no lo he sentido nunca, pero tampoco creo que ninguno de los compañeros que conozco haya sido escudo humano o lo hayan convertido en escudo humano en Gaza. Desde luego no comparto esa opinión. 

¿Hay alguna dificultad, obstáculo, impedimento específico que Hamas haya puesto a la prensa en Gaza durante los días en que has trabajado allí? 

Que yo sepa, no. Hubo un incidente en el que Hamas recomendaba a dos periodistas extranjeros que salieran de la Franja porque, según Hamas, estaban pasando información sobre situación de objetivos que podría atacar la aviación israelí. La verdad es que no he conocido el caso, he oído que ésto se ha producido, pero no tengo datos fiables respecto a quiénes son los periodistas. Sé que eran europeos, pero no sé si es simplemente un rumor de tantos que circulan durante el conflicto o si tiene una base real. 

No hacerse responsable de la seguridad de los periodistas es una violación de sus obligaciones, también una forma de intimidación. Incluso en medios como ‘The New York Times’ se ha hablado de censura previa por parte de los militares israelíes respecto a determinadas informaciones, sobre todo las referidas a lo que durante horas se consideró había sido la captura de un soldado a manos de Hamas. ¿Qué dificultades pone Israel al desempeño del trabajo de los periodistas?

Yo no los he recibido pero, cuando estábamos en Gaza, compañeros míos recibieron mensajes del ejército diciendo que no salieran del hotel al día siguiente o por la noche porque podía ser peligroso, y al día siguiente resultaba un día normal. Supongo que tratan de influir para que la información que produzcas no sea muy dañina para Israel, para los bombardeos, para la guerra que llevan a cabo en la Franja de Gaza. Después de haber vivido aquí más de veinte años, me parece que no hay que conceder mayor importancia a todas estas injerencias del ejército o del gobierno israelí, hay que trabajar e ignorar en la medida de lo posible todo este tipo de advertencias, comentarios y amenazas más o menos veladas que se producen. Lo mejor es ignorarlas. 

Has estado en Gaza durante varios días del ataque israelí, las sensaciones que transmitís quienes habéis entrado son demoledoras. Desde quien compara con su experiencia en el terremoto de Haití a quien encuentra paralelismos con la destrucción de cuatro años de guerra en los Balcanes, aquí cometida en apenas unos días. ¿Con qué sensaciones has vuelto de Gaza? 

Me han golpeado bastante las visitas que he hecho a hospitales, ver cómo llegaban continuamente ambulancias cada treinta segundos, cada minuto, cargadas de heridos. Una muy buena parte de ellos eran niños, otra parte mujeres, a veces en estado de desesperación, a veces muertos. Esto realmente es duro, porque sabes que el bombardeo que está llevando a cabo Israel en la Franja de Gaza es absolutamente indiscriminado. Es cierto que en algunos casos disparan contra milicianos, pero la inmensa mayoría de los heridos y de los muertos que he tenido ocasión de ver en los hospitales eran civiles. Esto golpea mucho. Esta sensación la comparten también compañeros míos de todos los países que han vivido algunos días en Gaza durante esta guerra. 

Las cifras de muertos y heridos civiles son insoportables, aunque Israel asegura hacer todo lo que puede por evitarlas. Israel se escuda en que Hamas utiliza a la población como escudo humano. ¿Tienes constancia directa o por testimonio de compañeros sobre el terreno de que Hamas utilice a la población de Gaza como escudo humano? 

No, pero hay que precisar lo siguiente. Por ejemplo, yo estaba alojado en un hotel al lado de la playa en la ciudad de Gaza que tenía un solar por la parte sur y un solar por la parte norte. Los milicianos utilizaban a veces esos solares –grandes, como diez o quince campos de fútbol, especialmente el del sur del hotel- para disparar cohetes. La marina o la aviación israelí bombardeaba estos solares. Esos solares estaban al lado del hotel, pero es que la inmensa mayoría de la Franja de Gaza está muy poblada, de manera que los milicianos, que utilizan muchos solares para disparar sus cohetes, lo hacen cerca de edificios que pueden ser incluso hospitales. Esto no justifica, desde luego, el ataque indiscriminado que hay contra todo lo que se mueve. Y no sólo alrededor de los solares, porque había veces que no había ningún lanzamiento y también bombardeaban. Es decir, era un bombardeo indiscriminado. Es cierto que los milicianos no avisan al ejército desde dónde van a disparar y que utilizan las zonas urbanas para disparar. Si Israel considera que esto es utilizar escudos humanos… No sé, puede que alguien lo considere así. Yo personalmente no lo creo. 

Miles de víctimas mortales entre los civiles, de ellas cientos de muertos son niños. ¿Es la población civil objetivo de los ataques israelíes? 

Conviene recordar aquí lo que ocurrió en el sur de Líbano en 2006. La guerra de Líbano, también en verano, causó una destrucción civil enorme. Desde gasolineras, pasando por aeropuertos, puentes, hubo 1300 muertos, de los cuales la inmensa mayoría eran civiles. Hubo un general israelí, el general Gadi Eizenkot, que definió la que se llama la “doctrina Dahiya”. Dahiya es el barrio del sur de Beirut que fue completamente arrasado por las bombas, un barrio civil. Esta “doctrina Dahiya”, que hoy está en los manuales militares de todo el mundo, consiste en castigar a la población civil, matar y herir a cuantos más mejor, destruir las más infraestructuras civiles posibles, todo para conseguir que los líderes políticos cambien de opinión. Es una doctrina elaborada en Israel. Esta misma doctrina es la que se ha aplicado en la Franja de Gaza. Yo he estado, por ejemplo, en el barrio de Shujayya, en el Este de la ciudad de Gaza, que ha sido horriblemente arrasado. Las fotografías que se ven de Dresde al final de la Segunda Guerra Mundial son poca cosa comparadas con cómo han quedado extensas zonas de ese barrio, prácticamente hechas polvo. Lo que ha hecho Israel es aplicar esa “doctrina Dahiya” a la Franja de Gaza y ha causado la mayor destrucción que ha podido. 

Las imágenes de niños muertos o heridos han conmocionado a muchos, pero no es la primera vez que Israel mata o hiere a niños, incluso están documentados casos en los que niños parecen haber sido objetivo expreso, que no víctimas colaterales, de la mirilla de los soldados. 

Esta mañana [la conversación tiene lugar durante la mañana del lunes 4 de agosto] había 398 muertos. Es decir, 400 niños muertos. Es una cifra muy elevada, estamos alrededor de los 1800 muertos en general. Significa que de cada cuatro muertos, uno es niño. Hay más de 250 mujeres muertas, ancianos, hombres de todas las edades… Lo que se trata es de aplicar la “doctrina Dahiya”, de destruir lo más posible y causar más miedo entre la población civil para que sus líderes, los líderes de las milicias palestinas, dejen de disparar cohetes contra Israel. Esto seguramente podría ser considerado un crimen de guerra, pero Israel lo ha hecho otras veces y nunca ha pasado nada. Como decía ayer un medio árabe, la Corte Internacional de Justicia es para negros y morenos, porque a los rubios no se les aplica la ley internacional. Se les aplica a los serbios y se les aplica a los africanos, pero desde luego las veces que esto ha ocurrido con anterioridad, [los israelíes] han quedado impunes y yo creo que Israel está convencida de que esta vez también va a quedarlo. 

Hablando de casos anteriores que nos permitan entender que esto no es una casualidad, que no es la primera vez que los niños son víctimas directas, creo que durante la Segunda Intifada llegaste a ver en un hospital a niños que llegaban con la misma herida en el hígado causada por francotiradores. Es decir, niños disparados ex profeso en una misma parte de su cuerpo. 

Fue en el campo de refugiados de Al Bureiy, en la Franja de Gaza. Recuerdo que iba con un periodista de ‘The Guardian’ y con un periodista italiano de ‘La Repubblica’ y entramos de forma accidental en una zona militar cerrada. Vimos a soldados apostados en la tercera planta, en tejados de casas, disparando contra niños de seis, siete y ocho años en el mismo punto, en la parte derecha de la cintura. Llegaban a la clínica que había a pocos metros heridos de la misma forma. Son cosas que pasan continuamente, pero no se denuncian o si se denuncian caen en saco roto o el ejército dice que abre una investigación que luego se cierra como se ha abierto. Todo esto queda impune, hay una impunidad muy grande en todo lo que respecta al ejército israelí. Igual que en los últimos días hemos visto cómo el ejército ha bombardeado siete escuelas de las Naciones Unidas en la Franja de Gaza, repletas de refugiados. La última ayer, donde había 3300 refugiados que habían huido de sus casas. El ejército les había dicho que se quedaran en sus casas encerrados y empezó a bombardearlas. La gente había salido y había ido a las escuelas de la ONU pensando que, al ser escuelas de la ONU, no serían atacadas. Fueron atacas, ayer hubo diez muertos, y esto ha ocurrido ya siete veces en lo que va de conflicto desde el 8 de julio. Son cosas que se saben y que no tienen trascendencia después. Es cierto que el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, ha dicho que es una “salvajada moral”, pero Israel está perfectamente convencida de que no va a pasar nada y no van a llegar a ninguna parte las acusaciones de crímenes de guerra que reciban después. 

Según Uri Avnery [veterano periodista y antiguo diputado israelí], Israel ha ido variando sus objetivos a lo largo de estas semanas. Primero fueron los cohetes, después los túneles. “Si la conveniencia política lo exige, puede que mañana haya otro objetivo de guerra. Éste se aceptará en Israel por aclamación unánime”, afirma Avnery. Da a entender que primero se dispara y después se le da un objetivo a ese disparo, un marco de justificación. ¿Tiene algún fundamento sólido, de necesidad imperiosa y vital, esta ofensiva militar sobre Gaza? 

No. En resumidas cuentas, es una situación que se ha producido por la permanencia de las tropas israelíes en los Territorios Ocupados de Cisjordania. Ahí ha sido donde ha saltado esta vez la chispa y se ha extendido a Gaza. Ahora Hamas trata de reabrir los pasos que hay entre la Franja e Israel y entre la Franja y Egipto, para que las personas puedan circular, para que los bienes y las mercancías puedan circular. Y en ese pulso estamos. Israel no quiere abrir los pasos y Hamas va a seguir tirando cohetes hasta que no termine el bloqueo de la Franja de Gaza, que ya dura siete años. Esta es la situación en estos momentos. Hay un pulso político que vamos a ver cómo se resuelve. Hamas insiste en que mientras siga el bloqueo no va a parar. El bloqueo es inhumano. También podría alegarse que el número de gente que está muriendo en Gaza estos días, desde el 8 de julio, 1800 personas, probablemente sea menor que la gente que ha muerto a causa del bloqueo durante estos siete años. Desde luego, el daño que se ha hecho a 1’8 millones de habitantes ha sido muy grande en todos los aspectos de la vida. Hamas va a seguir, al menos esto es lo que dice, hasta acabar con el bloqueo e Israel va a intentar lo posible para que esto termine sin levantamiento de bloqueo. A ver cómo termina el pulso. 

Retirada de las tropas israelíes de Gaza. Final del bloqueo de Gaza, incluyendo la libertad de movimiento de personas y bienes a través de los pasos fronterizos. Liberación de presos, incluidos miembros del parlamento. Reconstrucción de Gaza. Reconstrucción del aeropuerto y puerto de Gaza para asegurar la conexión con el mundo. Asegurar los derechos de pesca de los pescadores… Son condiciones que los palestinos han presentado a los mediadores egipcios. ¿En qué sentido estas peticiones ponen en riesgo la existencia de Israel? 

En ningún sentido. Lo que está ocurriendo en Gaza forma parte de la política continua de humillación de los palestinos, no sólo en la Franja de Gaza, también en Cisjordania. Cisjordania es una balsa de aceite, no está pasando nada desde hace 10 años. El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, colabora muy estrechamente con Israel en temas de seguridad. En Cisjordania no se mueve nada sin que lo sepa Israel. Es decir, está haciendo todo lo que le pide Israel y, sin embargo, las colonias judías siguen creciendo día a día e Israel sigue desplazando más población judía a los Territorios Ocupados. Eso forma parte también de la humillación que es, en esencia, la política israelí hacia los palestinos. 

Entre la operación ‘Pilar Defensivo’ en noviembre de 2012 y hasta el inicio de este ‘Margen Protector’ que todavía está en marcha, Israel habría violado hasta en cerca de 200 ocasiones el alto el fuego firmado, mientras desde Gaza se habría violado en aproximadamente 75 ocasiones, teniendo en cuenta además que en este lapso de tiempo en Gaza ha seguido el férreo bloqueo israelí, que cumple ya siete años. Cifras que sorprenden cuando quien dice tener derecho a defenderse es quien más veces habría violado el acuerdo.

Sí, pero para defender esta política de humillación se utiliza también mucho el cinismo, y los dirigentes israelíes son expertos en cinismo. Estos datos reflejan simplemente el cinismo de los dirigentes israelíes que tienen más acceso a los medios de comunicación occidentales, especialmente de Estados Unidos, y que los utilizan en su propio beneficio, faltando muchas veces a la verdad. 

Ahora que mencionas a los medios de comunicación internacionales, especialmente los estadounidenses. ¿Es la primera vez en que realmente se está filtrando una sensación de hartazgo hacia la política de Israel? O esto es algo habitual cuando se producen matanzas de este nivel y después se vuelve al statu quo habitual. 

He oído muchos comentarios en este sentido de que esta vez la gente está cansada, pero también se ha dicho en ocasiones anteriores. Lo cierto es que Israel ha vuelto a tropezar en la misma piedra y ha insistido en no evacuar los Territorios Ocupados de colonos y de tropas. Cuando esto termine, Israel volverá a lo de siempre. La cuestión es que los palestinos no van a resolver este conflicto porque no pueden e Israel no lo va a resolver porque no quiere. La única que lo puede resolver es la comunidad internacional y, sin embargo, tampoco quiere resolverlo. O hay un cataclismo muy importante o esto va a seguir en la misma línea que hasta ahora. 

Los palestinos no pueden, los israelíes no quieren. En todo caso, ¿de qué son responsables los palestinos en este momento, año 2014, respecto a su situación actual? 

Los palestinos pueden hacer poca cosa y de poca cosa son responsables. En teoría, la ley internacional les protege para que puedan resistir frente a la ocupación. En Gaza la están haciendo esporádicamente, en Cisjordania nunca, aunque la ley internacional les da derecho a resistir. En una parte, en Gaza, resisten de tanto en tanto, y en otra parte, Cisjordania, no resisten nunca y ni en un sitio ni en otro consiguen sus objetivos. No sé qué deberían hacer para conseguir sus derechos. Como comentaba antes, no depende de ellos, depende de la comunidad internacional, que no tiene un gran interés en resolver este asunto. 

Has escrito en varias ocasiones que lo que Hamas no consiga en estos días de hostilidades no lo va a conseguir en una mesa de negociación posterior. Es lo que yo denomino “el dilema gazatí”. Terrible dilema: la sumisión no parece garantizar más que la rebeldía. 

Esto es algo que creo que han entendido los dirigentes de Hamas y por eso esta vez están manteniéndose fuertes a pesar de los 1800 muertos, de los 9500 heridos: no van a dejar de disparar cohetes hasta que se levante el bloqueo. En mi opinión, y es una opinión extendida, si no lo consiguen con los cohetes no lo van a conseguir en la mesa de negociaciones, porque ya ha habido experiencias anteriores que lo han demostrado y ésta no va a ser una excepción. Ellos lo saben y por eso están resistiendo a pesar de las enormes pérdidas civiles que está causando esta guerra. Las pérdidas son incluso menores que las que causa el bloqueo permanente de la Franja de Gaza, que ya dura siete años. 

Eugenio García Gascón en Jerusalén

La joven activista israelí Elizabeth Tsurkov defiende que el hecho de contar con la protección de la ‘Cúpula de Hierro’ debería hacer que Israel no “sobreactúe” de la manera en que ella considera que lo está haciendo. Esos cohetes no habían matado a nadie en años anteriores. Los cohetes fueron el primer objetivo confeso de esta operación, después se dio el de los túneles. Los túneles han sido vía de entrada de alimentos y materiales que han permitido eludir estos años, en la medida de lo posible, el bloqueo israelí. También han sido los que han permitido la entrada de armamento. ¿Qué los ha convertido en una prioridad urgente para Israel? 

Los túneles comenzaron hace muchos en el sur de la Franja de Gaza, entre la parte palestina de Rafah y la parte egipcia. Estos túneles tenían cientos de metros, a veces kilómetros, iban de una parte de esta ciudad que está en la zona de Gaza a una parte que está en la de Egipto. Esos túneles se construyeron básicamente para que entraran productos que Israel no permitía que entraran. Después se utilizaron también para el tráfico de armas, pero la idea inicial era comercial. ¿Qué ha pasado ahora? Esos túneles están casi todos destruidos por Egipto, desde que al-Sisi dio el Golpe de Estado hace un año. Lo primero que hizo fue destruir esos túneles, algo que no se había atrevido a hacer Mubarak, lo que indica la sumisión de al-Sisi a la política israelí, fue su primera acción. Lo que ha pasado ahora es que Hamas está utilizando los túneles de manera ofensiva. Ha creado al menos una treintena de túneles entre la Franja de Gaza e Israel, túneles que tienen varios kilómetros y que son complejas redes de túneles, que acaban, que tienen bocas, en la parte israelí y por donde los milicianos entran y sorprenden por la espalda a los soldados que están en el frente, en la frontera con Gaza. Esto es lo que Israel dice que es intolerable ahora mismo y es la explicación que ha dado para justificar, al menos en parte, la invasión de Gaza. Israel dice que ha acabado con una treintena de estos túneles y que ha cumplido la misión. No sé, quizá Hamas construya ahora más túneles o veremos lo que ocurre. El elemento nuevo es ese, que ha habido unos túneles que han entrado en Israel. Realmente el primer túnel que entró en Israel se utilizó en el año 2004, es decir, hace diez años, pero nunca se había hecho con tanta intensidad como la que ahora se está haciendo. 

Quienes mantienen una posición de, llamémoslo, equidistancia, dicen que ésta es una cuestión muy complicada, que el conflicto árabe-israelí es sumamente complicado, que no se puede resumir con sencillez. Hay un resumen de alguien a quien conoces bien, el periodista Joan Cañete, que hace unas semanas publicaba un artículo en ‘El Periódico de Catalunya’, antes incluso de que comenzara esta operación llamada ‘Margen Protector’, titulado “Todos son víctimas de la ocupación”. ¿Compartes reflexión? 

Sí, sin duda, también lo creo. La ocupación es realmente horrible, es muy difícil imaginarse lo que es la vida cotidiana en la ocupación, especialmente cuando en la Franja de Gaza hay un bloqueo. Ves una pobreza enorme, un desempleo astronómico, la gente apenas tiene para comer. Cuando estuve en Gaza fui a un supermercado y pregunté por los precios –todos los precios han subido, son caros, mucha gente no trabaja, no puede comprar-, y me comentaba el dueño: “Mira, si vienes por la tarde, hacia las siete o las ocho, verás a mucha gente que está comprando en este supermercado bolsas de comida para repartir de forma anónima a otra gente”. Es algo que se hace mucho, se va al supermercado, se compra un paquete con mucha comida y se hace llegar de forma anónima a una familia pobre. Esto es moneda corriente en la Franja de Gaza, especialmente en estos días de la ofensiva que han coincido con el mes de Ramadán. Realmente las condiciones de la ocupación son terribles y es algo con lo que hay que acabar y la comunidad internacional no ha hecho nada para acabar con ello. De vez en cuando lo ha criticado, es cierto, pero no ha movido un dedo y esperemos que lo que está ocurriendo en Gaza sirva para poner fin a este terrible bloqueo que hace tanto daño a 1’8 millones de civiles. 

Estás de vuelta, has salido de Gaza. En Israel las encuestas muestran un apoyo masivo, próximo a la unanimidad norcoreana, de la población judía de Israel al ataque a Gaza. Se ha acosado con violencia en Tel Aviv a los manifestantes que se han opuesto a la guerra y el ambiente permite excesos mediáticos como un artículo (después retirado) que justificaba el “genocidio” en Gaza, otros que consideran que no hay que tener en cuenta las reacciones mundiales. Por sus excesos verbales, por el grado de intimidación física, por la belicosidad compartida, me recuerda a algunos de los momentos más terribles de la historia del siglo XX. ¿Te ha sorprendido o ya has vivido situaciones semejantes

Creo que forma parte de la situación de aquí. Digamos que desde niño, desde que estás en el jardín de infancia, llegan soldados a tu guardería y los maestros te los presentan como héroes. Ellos les explican lo que hacen e incitan a los niños a imitarlos. Esto cuando tienen tres y cuatro años de edad, pasa en todas partes. Y desde esa edad en adelante, el bombardeo de información en esa misma línea es enorme. Todo el mundo lo experimenta, de manera que no puede sorprender que la gente esté ahora mismo a favor de la guerra. Anoche estaba viendo el informativo del Canal 2 de la televisión hebrea y se hizo una encuesta sobre la popularidad del Primer Ministro Benjamin Netanyahu inmediatamente después de que se conociera que el ejército estaba saliendo parcialmente de Gaza. La encuesta mostraba que el 62% de los israelíes apoyaban ayer a Netanyahu. Ese apoyo fue del 82%, veinte puntos más, cuando empezó la ofensiva terrestre. Quiero decir, es natural que, cuando la gente se cría y desarrolla en un clima bélico, en el que las televisiones y las radios no hacen más que entrevistar a militares en tiempo de paz o en tiempo de guerra, todo este clima contribuya a que la gente sea muy militarista. A mí no me extrañan los datos de estas encuestas donde se ve que la inmensa mayoría de los israelíes quiere dar más caña a Gaza. No me sorprenden, forman parte de la sociedad tal y como es la sociedad israelí. 

Ya has mencionado la destrucción de túneles en Rafah del gobierno egipcio de al-Sisi tras el Golpe de Estado, incluso Netanyahu habla de un nuevo escenario de colaboración con los países árabes con Israel. Es una pregunta que se hacen muchos ciudadanos de Gaza en estos días: “¿Dónde están los países árabes?”. ¿Dónde están? 

Están desaparecidos o casi diría que en la otra línea del frente. Es el caso de Egipto, por ejemplo. La primera decisión que tomó el general al-Sisi desde el Golpe de Estado del verano pasado fue, como he dicho, destruir cientos de túneles que comunicaban la Franja de Gaza con Egipto. Esa fue la primera decisión. Sisi ha tenido siempre muy buenos contactos con israelíes y los israelíes le han recompensado su buena voluntad para con ellos haciendo lobby a favor de Sisi en Estados Unidos. Es una dependencia conocida y, por lo tanto, no debe extrañar nada la actitud de Egipto respecto a los palestinos. En cuanto a Arabia Saudí, por ejemplo, es cierto que hace tres días el rey Abdalá condenó los excesos de Israel en la Franja de Gaza, pero lo cierto también es que Arabia Saudí e Israel tienen objetivos comunes que son la lucha contra Irán y la lucha contra los chiíes en Oriente Medio. Por eso resulta que los saudíes no denuncian como deberían ni hacen lo que deberían hacer para acabar con una situación así. Y esto que hemos dicho de Egipto y Arabia Saudí lo podríamos decir de la inmensa mayoría de los países árabes de Oriente Medio. 

A un periodista no hay que exigirle vaticinios sobre qué nos deparará el futuro pero, por tu larga experiencia en la zona, ¿tienes una idea aproximada de qué nos espera en próximos tiempos respecto a la situación sobre el terreno? 

Creo que todo va a seguir igual excepto si la comunidad internacional actúa con energía. Pero como esto no está a la vista, si no se produce una intervención muy enérgica de la comunidad internacional, dentro de muy poco tiempo volveremos a estar en una situación similar.

Carlos Pérez Cruz

viernes, 1 de agosto de 2014

Elizabeth Tsurkov: "There is no basic empathy in Israel with the horror that has been done in Gaza"


Elizabeth Tsurkov

Interview with Elizabeth Tsurkov, a young human rights activist from Israel. Elizabeth works at 'The Hotline for Refugees and Migrants',a non-governmental and non-profit organization that aims to defend and further the rights of refugees, migrants and prevent trafficking in persons in Israel. She is one of the few voices in Israel who is publicly against war in Gaza and against Israel military politics of her government.



Aquí  puedes leer la transcripción al castellano de esta entrevista.

jueves, 31 de julio de 2014

Quique Kierszenbaum: “Israel deshumaniza las imágenes que llegan de Gaza”

De origen uruguayo, el periodista Quique Kierszenbaum (Montevideo, 1967) reside en Israel desde hace más de veinte años. Desde allí cubre informativamente la región para su país, aunque también colabora como fotógrafo para diferentes medios internacionales.

Quique Kierszenbaum

Has cubierto en Tel Aviv la que hasta la fecha ha sido la manifestación más importante en cuanto a número, con alrededor de 5000 personas, también actos en Jerusalén. Un porcentaje mínimo de la población se ha movilizado contra el ataque a Gaza, incluso las encuestas muestran un apoyo masivo. ¿Cómo interpretas la reacción de la sociedad israelí? 

Fui a Tel Aviv a cubrir la manifestación porque fue la primera que juntó a un número importante de personas. En las marchas de Jerusalén participo, porque las organiza la comunidad de la escuela de mi hijo. Marcho con otros padres, tanto palestinos como israelíes. Creo que los números son terribles. Hace pocos días se publicaron unos datos en la televisión israelí en los que el 87% de la población estaba en contra de terminar con esta operación, con esta guerra que está llevando a cabo Israel en Gaza, lo que me parece un número imposible de entender. Habla de una deshumanización total de los palestinos, no parecen entender qué es lo que están viendo por la tele y eso es preocupante. 

Las semanas posteriores al secuestro y asesinato de los tres israelíes en la zona de Hebrón fueron muy tensas y esa tensión se agitó también desde el gobierno. Además de la tortura hasta su muerte de un joven palestino, se han visto actos de intimidación y acoso contra los árabes. A todo ello, hasta cierto punto cotidiano, se suma ahora la agresión a israelíes que protestan contra el ataque a Gaza. Otros entrevistados me han reconocido que es un fenómeno nuevo. ¿Es la peor noticia para Israel? 

Sin duda. Por la forma en que se está dando el conflicto en Gaza y por la forma de resolverlo, no cabe la menor duda de que esta nueva aventura militarista va a terminar en un cese del fuego. El de Gaza no es el problema más importante, a pesar de que los números son terribles. Creo que el problema más importante es que hay una fractura en la sociedad israelí en estos momentos y, cosas que quienes trabajamos en los medios sabíamos que existían, se han tomado de pronto la libertad de expresarse en público. Han atacado a manifestantes y, de alguna forma, han recibido un apoyo moral de parte de los legisladores de derechas. Es algo que creo que no tiene marcha atrás. El sábado yo mismo fotografié y me acerqué a esa gente en Tel Aviv y creo que el mensaje de odio va a ser difícil de cambiar. En estos momentos, la sociedad israelí está sufriendo una fractura que tiene que ver con esos números de los que hablábamos. Cuando se apoya de tal manera una campaña militar en la que se ha matado ya a 1200 personas, la mayoría civiles, creo que se transmite un mensaje de falta de respeto a la vida y que eso, de alguna forma, penetra en la sociedad. Los resultados están a la vista. 

Meir Margalit percibe que en este momento en la sociedad israelí hay casi un ambiente de guerra civil, aunque desea estar equivocado. ¿Compartes esa percepción? 

No, creo que todavía no estamos ahí. Creo que estamos todavía en una situación en la que se están probando los límites. Lo que me preocupa mucho es que esto va a aumentar. Me preocupa mucho porque toda esa gente que en estos momento ataca a la izquierda, física y verbalmente , ha ocupado casi todos los espacios públicos. Pensar que en la plaza de Rabin en Tel Aviv manifestantes israelíes son atacados por israelíes me trae lamentablemente algunos recuerdos bastante complicados de ese lugar. 

Jerusalén y Tel Aviv son universos casi opuestos. ¿Cuál es el perfil de los participantes en las movilizaciones? ¿Hay diferencias en una y otra ciudad? 

En Jerusalén la mayoría de la gente que participa es parte de la comunidad en la que vivo. Es gente que tiene alguna relación con la escuela, ya sea porque sus hijos van o porque en algún momento sus hijos fueron, o porque siente que es un mensaje importante. Lo de Tel Aviv es algo mucho más grande, pero sigo viendo a la misma gente de siempre. Cuando uno va a esas manifestaciones ve a la misma que gente que se viene manifestando desde hace muchísimos años, exactamente a las mismas personas. Ha aparecido de pronto algo más de gente joven, pero creo que el perfil de edad es más o menos homogéneo. Quienes estaban en la contramanifestación -que era mucho más pequeña, había 300 personas como mucho-, me pareció que eran mucho más jóvenes en su mayoría.

En árabe y hebreo: "Marchamos juntos, mano a mano". Manifestación en Jerusalén (Foto: Quique Kierszenbaum)

He mencionado que las semanas posteriores al secuestro y asesinato de los tres jóvenes israelíes en la zona de Hebrón fueron de mucha tensión en Jerusalén, hubo ataques contra árabes de la ciudad. ¿Cómo está ahora el ambiente? Porque se está hablando del resurgir de las protestas en Cisjordania. 

El ambiente en Jerusalén está dividido por la división natural de la propia Jerusalén. En los barrios palestinos siguen las manifestaciones que, en general, arrancan por las noches, se enfrentan a la policía. De todas maneras creo que sigue medido. Yo estuve en el entierro de uno de los jóvenes que mataron en [el checkpoint de] Qalandia, y había una sensación de que los entierros y la situación en Gaza iban a empujar a la gente a salir a la calle. Se hablaba de una Tercera Intifada, pero eso todavía no se ve y posiblemente no se vea. No hay una decisión política de salir a la calle pero sí hay enfrentamientos. En Jerusalén Occidental, la parte residencial, es una parte que está más tranquila, pero el centro de Jerusalén ha sido uno de esos espacios que, en general, se han perdido. Muchos de los ataques, de los insultos, de los encuentros entre derechistas e izquierdistas han sido ahí. Y queda después toda esa parte en el medio, las zonas limítrofes, en donde todas las noches escuchamos reportes de violencia individual contra palestinos. No los enfrentamientos de los que hablamos sino golpizas [palizas]. Las hubo a dos personas hace pocos días, también nuevos intentos de secuestro a palestinos. En general, la situación de Jerusalén es muy tensa. Quien conoce las caras de esta ciudad, cuando camina por el centro, se da cuenta de que hay una tensión muy importante. 

Hace unos días se conocía la prohibición de la emisión en radio de una campaña de la ONG B’Tselem en la que se leían los nombres de algunos de los niños muertos en Gaza. Esa censura, en este caso a una campaña publicitaria, ¿es también informativa? 

La palabra censura es un término complicado porque, si bien el aviso de B’Tselem fue censurado, creo que los medios van por una línea mucho más de autocensura. No creo que acá haya una línea desde arriba que sea la que controla los contenidos, sino que como parte de ese 87% de la población que está a favor, creo que los medios se han convertido en una máquina propagandística muy importante que, de alguna forma, manda el mensaje a las casas de la gente que está sentada viendo las noticias casi todo el día. Por la situación, aquí hay informativos casi todas las horas de luz, hasta la mitad de la noche, y no me cabe la menor duda de que son muy pocos los periodistas, muy pocos, y más en los medios digitales, los que están criticando lo que pasa. Hay también una deslegitimación muy importante a todas las voces contra la guerra, y no solamente en las noticias. En esas mil horas de programas abiertos, en los que se mezcla noticias con gente que va a dar su opinión, desde músicos a monologuistas, todos mantienen esa misma línea de deslegitimación de las voces que están en contra de la guerra. Hay miedo en la calle y está fundamentado por los últimos sucesos de violencia. La violencia, el racismo, el patoterismo [intimidación] de la ultra derecha encienden una vez más la alerta por un próximo crimen político. Y el problema no son solo los que gritan, los que insultan y los que atacan, sino también los lideres políticos y los líderes religiosos que incitan a la violencia y que fomentan el sentimiento de traición a quien está en contra de la guerra o la critica. 

Gracias, entre otras cosas, a las redes sociales, es muy difícil ocultar la realidad sobre el terreno. Desde Gaza nos están llegando, por uno u otro lado, imágenes terribles. ¿La muestran los medios convencionales de Israel o el ciudadano israelí tiene que buscarse la vida por su cuenta si quiere ser consciente de lo que pasa? [Israel prohíbe el acceso de periodistas israelíes a la Franja de Gaza, por lo que no hay periodistas de este país sobre el terreno]. 

No, mostrarla la están mostrando, el problema es la interpretación. Cuando uno ve las imágenes, hay una voz que está relatando qué es lo que está pasando y yo creo que el gran problema es ese. Yo hablo hebreo y consumo muchos informativos, porque considero que son una fuente importante para saber qué es lo que se le está diciendo a la población israelí. Las imágenes llegan, el problema es la interpretación y ahí entra lo que decía, una deshumanización total del contenido de las imágenes que es muy preocupante. Y a esto hay que sumarle los corresponsales militares de los distintos canales, que parecen estar enlistados en esta misión, muchas veces agregando leña al fuego. 

Muchas personas prefieren no expresarse públicamente, seguramente por ese condicionamiento del que estamos hablando, por la unanimidad de opiniones tanto en los medios como incluso entre los propios vecinos de uno. ¿Qué precio paga hoy un israelí por oponerse a las políticas bélicas de su gobierno e incluso por defender los derechos de los palestinos? 

Depende mucho de las personas. En general, quienes han hablado toda la vida defendiendo los derechos de la población palestina ya no se asustan de nada. Hemos escuchado y vivido todo lo que te puedas imaginar y mucho más. Para eso tengo una expresión: “qué le hace una mancha más al tigre”. No son estas personas las que más están sufriendo. Creo que, en general, la que más lo sufre es la gente joven, gente que ante tanta catástrofe se expresa por primera vez y, por supuesto, la población árabe-israelí que está muy expuesta. Hemos visto campañas terribles, en las que incluso se está yendo a los lugares de trabajo de quienes se han expresado en redes sociales. Pero, como te dije, cuando hay una deslegitimación tan grande, hay un consenso muy importante de que esas voces son voces de traidores. Así se ve en la sociedad. ¿Cómo les afecta en el día a día? A cada uno le debe afectar de una forma diferente, ya puede ser tanto en las relaciones familiares como de los marcos en los que uno vive. Para quienes hacen esto desde hace muchos años, para quienes tienen una visión política y social muy clara hace muchos años, no es la primera vez. Se desarrollan herramientas para poder enfrentarte a los ataques. 

Manifestación conjunta de israelíes y palestinos en Jerusalén (Fotografía: Quique Kierszenbaum)

Imagino que es más fácil mantener la unidad en entornos como el que comentabas de la escuela de tu hijo, en la que conviven palestinos e israelíes, en tiempos de una mayor calma que la de estos días. ¿Se filtran y despiertan las tensiones en semanas así? 

La verdad es que no, es justamente lo contrario. En momentos así es cuando ese pacto que hicimos necesita ser demostrado y probado, y creo que las mejores cosas salen en estos momentos, en los que las voces son claras y diversas. Eso es lo que nos refuerza. Por ejemplo, en la escuela nos hemos reunido muchas veces los padres para hablar, para expresar tanto la tensión como los miedos, para dar con un lugar en el que hay quienes escuchan, no juzgan y tratan de apoyarse. En cierto sentido estamos juntos precisamente para afrontar este tipo de situaciones. 

Lo pregunto a título personal, lo más lejos posible de la realpolitik. Si de ti dependiera, ¿cuál sería una solución justa para poner fin a tantas décadas de violencia y para facilitar la coexistencia? 

No voy a caer en la trampa de dar la receta sobre cuál sería mi solución. Estoy seguro de cuál es el camino. Creo que la solución tiene que ser un proceso en donde las partes se sienten a negociar de forma igualitaria, donde las necesidades y las obligaciones de ambas partes se pongan encima de la mesa sin diferencias. Ese va a ser el único camino para llegar verdaderamente a una solución. 

Como periodista. Hablábamos antes de las redes sociales, que están permitiendo tener una cobertura diferente de Gaza que en ataques militares similares. Esa es una ventaja informativa, aunque también hay que hacer una fuerte discriminación de la propaganda, pero también para los periodistas están siendo una vía de recepción de tremendas tensiones. 

Sí, sin duda. Las redes sociales permiten que cualquiera se conecte con los periodistas, lo que en ocasiones nos expone a muchísimos ataques. Personalmente he recibido ataques tanto de un lado como del otro, de forma permanente, sigo recibiendo. Es difícil tener que abrir estas redes sociales y enfrentarte todos los días a tanta propaganda, a tanto mensaje con tanto odio, a tanto mensaje ciego. Eso es lo que más caracteriza a los atacantes de ambos lados, un mensaje totalmente ciego de alguien que no quiere escuchar y solamente quiere ser escuchado. Pero las redes sociales tienen también sus defensas, creo que he roto el récord de bloqueos, no estoy dispuesto a jugar el juego sin reglas que ofrecen las redes. A quien me insulta, desacredita o repite propaganda, lo bloqueo inmediatamente. Cuando gente real muere, es herida, amenazada, corre a refugios, protege a sus hijos o pierde sus hogares, no hay tiempo que perder para jugar en las redes sociales con propagandistas.


Carlos Pérez Cruz

miércoles, 30 de julio de 2014

“Es inhumano conquistar a otro pueblo, no hay palabras para aliviar el acto de la ocupación”

Ambos tienen origen argentino y residen en Jerusalén. Meir Margalit es historiador y vive en Israel desde 1972. Fue uno de los fundadores del ya desaparecido Comité Israelí contra las Demoliciones de casas palestinas en Territorios Ocupados. Zully Flomembaum, psicoanalista, se trasladó a vivir allí en el año 2000. Es miembro del GIEP (Nueva Escuela de Psicoanálisis Lacaniano de Israel). Son parte activa del minúsculo segmento de la sociedad israelí que hoy planta cara a las políticas bélicas de su gobierno.

Meir Margalit y Zully Flomembaum, durante la invasión de Gaza en 2012

Fuiste uno de los asistentes a la manifestación en Tel Aviv del pasado sábado contra el ataque a Gaza, la mayor protesta en Israel durante estas semanas con unas 5000 personas. Parece una enorme minoría. ¿Cómo interpretas la reacción de la sociedad israelí? 

Meir: Tienes razón en que, si bien fue la más grande que hemos organizado en esta última temporada, todavía somos un grupo bastante insignificante dentro de la sociedad israelí. ¿Cómo se puede explicar? Esto no es nada nuevo, es un proceso que se viene dando ya hace mucho tiempo. Lo vimos claramente en las elecciones al parlamento, pero se ve también en todo tipo de actitudes. Estoy hablando del proceso de derechización de la sociedad israelí. Algunos dirán que se está enfachizando. Si alguien lo asevera frente a mí, no seré yo quien salga a discutírselo. Aunque me duela reconocerlo, muchos de los elementos que hoy por hoy esgrime la derecha israelí son argumentos que yo, como historiador, los conozco del fascismo europeo de los años 30 y 40. Este proceso va también de la mano de un fundamentalismo religioso cada vez más activista, más duro. La conjunción de fundamentalismo religioso y nacionalismo -en particular del nacionalismo de derechas que tenemos acá- produce una bomba atómica. 

Hay quien me dice que reunir a 5000 personas es un punto de partida, pero estamos hablando del año 2014. No sé si se puede entender este momento como el punto de partida de nada. En los años 90 hubo incluso quizá más movilizaciones en Israel. 

Meir: Si Mao dijo que una gran marcha de no sé cuántos miles de kilómetros comienza con un solo paso, puedes vernos a nosotros como el primer paso de una gran marcha hacia la victoria. Es cierto es que es imposible predecir acá adónde llevará esto. Esta guerra no ha acabado y la sociedad israelí todavía no ha empezado a hacer el balance final, el proceso de evaluación de lo que quisimos y de lo que logramos, del precio que hemos pagado y para qué. Creo que toda crisis es también una oportunidad de crecimiento y, sin poder asegurarlo, no descarto la posibilidad de que este sea también un momento de crecimiento. Cuando haya acabado este conflicto y se entienda que hemos pagado un alto precio para estar exactamente en el mismo lugar en el que estuvimos cuando lo empezamos, creo que parte de la sociedad israelí empezará a recapitular, e incluso me animaría a decir que va a empezar a hacer un switch mental. 

Llegaron noticias desde esa manifestación, pero no sólo desde ella, de agresiones a manifestantes, incluso de espontáneos checkpoints para discriminar árabes e izquierdistas. ¿Es nuevo este fenómeno en Israel? 

Meir: Sí, esta es tal vez una de las cosas que más me preocupan. La escalada bélica acabará en un par de días, pero el proceso de embrutecimiento que hoy por hoy se ve en la sociedad israelí nos va a acompañar por un periodo muy largo. Es la primera vez que veo expresiones de violencia cruda, no solamente gritos y pancartas sino gente que viene con palos y botellas a romper cabezas. Hubo tal vez miles de policías en la Plaza Rabin, donde hicimos la manifestación, para tratar de separar a ambos bandos pero, una vez acabada, los policías se dispersaron y estos grupos de patoteros [violentos] aprovecharon la oportunidad para salir a la caza. Los jerosolimitanos estábamos en los microbuses camino a casa, pero todos los izquierdista que viven en Tel Aviv, que se fueron caminando tranquilamente hacia sus casas, fueron ubicados por estos patotas a tres, cuatro o cinco cuadras de la plaza y les dieron golpes bastante serios. Esto nos va a acompañar durante bastante tiempo. He dicho proceso de embrutecimiento, animalización… no sé cómo denominarlo. Hoy por hoy se hace más difícil ser pacifista en Israel, lo será también después de acabada la contienda. No quiero ser alarmista, pero hay flotando en el aire un clima de guerra civil entre derechas e izquierdas. Ojalá me equivoque y puedan acusarme de exagerado y alarmista. Aceptaré la acusación con mucho gusto. 

Hemos visto a israelíes celebrar los ataques sobre Gaza, a una diputada que pedía el asesinato de las madres palestinas, la prohibición de emitir en la radio una campaña con nombres de niños de Gaza muertos... ¿Ha ganado el fanatismo? 

Meir: Está ganando, no ha ganado. Es verdad que yo también me hago a veces esas preguntas, e incluso cuando en las manifestaciones nos ponemos a gritar que el fascismo no pasará, o “no pasarán”, me pregunto si no estamos utilizando lemas del ayer que hoy ya no tienen validez y que, en realidad, el fascismo ya ha pasado. Sí, es cierto, estamos en uno de nuestros peores momentos, en el futuro los sociólogos pondrán el punto en el 2014, un momento en el que todos los fantasmas derechistas salieron afuera. ¿Sabes? En las guerras generalmente afloran las cosas feas de un pueblo y ahora han aflorado, pero estaban desde hace mucho tiempo. Han aflorado en sus formas más asquerosas. 

Algunas personas con las que he podido hablar prefieren no expresarse públicamente. Incluso hay quien lo ha hecho pero igualmente manifiesta esa autocensura con vecinos o en su trabajo. ¿Qué precio paga hoy un israelí por oponerse a las políticas bélicas de su gobierno e incluso por defender los derechos de los palestinos? 

Meir: Conozco gente que no quiso venir a la manifestación en Tel Aviv por temor. Conozco gente que acá también, en Jerusalén, no participa bien por temor a estas patotas, bien por temor a lo que digan sus vecinos. Se está pagando un precio alto. Hace poco hubo tres o cuatro mujeres artistas a las que, por expresar sus opiniones, las echaron de sus lugares de trabajo. No me cabe duda de que hoy, en particular en los trabajos estatales -en municipios, en los ministerios-, hablar mal del gobierno significa que puedes empezar a empaquetar y dejar el lugar de trabajo porque o bien te echarán o te harán vida imposible. Ayer me llamó un compañero del municipio y me dijo que no podía más. Usando sus propias palabras, dijo que “la gente se ha sacado las caretas”. Se refería a que hasta hace una o dos semanas, gente derechista, gente que tenía un pequeño diablo racista ahí escondido en su interior, finalmente se ha quitado la careta, expresa su racismo. Él no puede más. Ha dejado su trabajo porque no soporta más el clima. Si hasta ahora hemos pagado un precio, ahora el precio se ha duplicado y triplicado. 

Hay una motivación común entre los manifestantes: detener los bombardeos y la invasión de Gaza. ¿Hay también una posición común sobre cuáles son las causas del conflicto entre palestinos e israelíes o incluso sobre sus soluciones? 

Meir: No, la respuesta es no. Hay matices, pero la realidad es que esto va más allá de simples matices. Por ejemplo, mi partido [Meretz] no se adhirió oficialmente a la manifestación del sábado en Tel Aviv. Yo estuve y conmigo estuvo mucha gente de mi partido, pero no hubo una adhesión oficial y los líderes tampoco acudieron a la manifestación que estaba organizada, más que nada, por el Partido Comunista. Lo que llamamos matices encierra en realidad una interpretación ideológica muy distinta entre los grupos radicales de izquierda y los grupos moderados de izquierda. La izquierda moderada hace un llamado al cese del fuego y de las hostilidades, pero sigue siendo sionista en sus raíces. Las izquierdas radicales hace mucho que dejaron de serlo. Hay gente que está con una pierna acá y otra allá. Yo sigo siendo activista de un partido que oficialmente es sionista, a pesar de que yo lo dejé de ser hace mucho de forma abierta, cosa que a la líder de mi partido no le hace mucha gracia. Me expreso libremente y nadie me tapa la boca. Hay matices, sí, y no todos tienen una visión común de cómo empezó todo esto y menos de cómo tendría que terminar, de qué tendría que suceder un día después del cese del fuego. Hay mucha gente que dice que esto es exagerado pero justo, que tiene su razón de ser. Nosotros decimos que no es justo, que no tenía que haber empezado porque es imperdonable, hay cosas que un país decente no hace. 

¿Hay un perfil compartido entre los manifestantes o hay una esperanzadora diversidad? Preguntado de otra manera, ¿quién falta en esas manifestaciones? 

Meir: Te he nombrado a Meretz, y el que faltaba también es el Partido Laborista. El laborismo no se definió del todo porque tiene miedo de perder votos. O dicho de otra manera, porque cree que ésta es una oportunidad también de ganar votos. Y aquí el problema es la política. Yo me siento mucho más cómodo en un movimiento que en un partido político, porque no tengo esos cálculos de rédito, cómo hago para ganarme dos votos más. Pero esta manifestación de 5000 personas ha demostrado que por lo menos hay 5000 izquierdistas radicales que tienen una postura absolutamente moralista sin mayores cálculos de ganancia. 

Lo pregunto a título personal, lo más lejos posible de la realpolitik. Si de ti dependiera, ¿cuál sería una solución justa para poner fin a tantas décadas de violencia y para facilitar la coexistencia? 

Meir: La fórmula es muy simple, lo difícil es implementarla. Pero si tengo que resumirla en tres palabras es: acabar la ocupación. La ocupación tanto de Cisjordania como de Gaza. Esa es la solución última, la única que va a calmar los ánimos y va a traer paz al Medio Oriente. Mientras tanto, en lo que se refiere a Gaza, Israel tiene que retroceder de las tierras que ha ocupado recientemente, abrir el asedio de Gaza, permitir a la gente vivir, respirar, que las fronteras estén abiertas, acabar con el estado de sitio y permitir que la gente viva, que viva en el mejor sentido de la palabra. 

[Se incorpora Zully a la conversación] 

Zully: Sin haber escuchado a Meir, no creo que tengamos diferencias. Es inhumano conquistar a otro pueblo, no hay palabras para aliviar el acto de la ocupación. Hay que terminar con la ocupación en Cisjordania y, ¡por supuesto!, terminar con esta mentira de que se le entregó a la gente de Gaza el territorio, cuando en realidad se los dejó viviendo en un embudo, asfixiándose y sin salida. Hay que terminar con todas las mentiras, devolver los territorios, crear un Estado palestino y empezar a trabajar en algo muy difícil, que es desterrar los odios mutuos, porque hay muchas muertes que han quedado en el camino. 

Seguramente una de las peores consecuencias, además obviamente de las muertes en esta última operación, es el incremento del odio. Es quizá lo que más reforzado va a salir de estas semanas de violencia. 

Zully: La pérdida de las vidas humanas es obviamente lo más terrible, pero el daño que se ha producido y ha separado a los bandos de una manera tan al rojo vivo, va a ser de difícil reconciliación. Yo soy una persona optimista, creo que va a ser posible. No estoy hablando solamente de una reconciliación entre el mundo árabe, el mundo palestino, y el mundo judío, estoy hablando también dentro del mismo mundo judío, porque hoy no estar a favor de la guerra es ser un traidor a la patria. Poder hablar, poder escucharse, humanizarnos entre nosotros, va a ser un difícilísimo, trabajoso y necesario proceso. 

Es un lugar común seguramente, pero no por ser común deja de ser cierto. ¿Es el miedo el nexo de unión entre todos los habitantes de Israel? 

Zully: No te podría responder con una certeza. Creo que hay sectores que han vivido en sus educaciones el riesgo de las amenazas y por lo tanto es el miedo el que los domina. Pero no sé si es lo único, habría que pensarlo, y me parece que es un poco arriesgado decir que eso es lo que nos une. Nosotros tenemos muchos puntos de unión con otra gente y con madres que en este momento tienen a sus hijos en el ejército y que a lo mejor dicen cosas horribles de Hamas, y sabemos que después se van a retractar, no creo que lo que les una sea el miedo. Al contrario, creo que lo que hay que plantearse en este momento no es la cuestión de qué nos une, sino ver lo que nos impide la unidad y trabajar en eso. Y lo que nos impide la unidad es esta incapacidad que tenemos los humanos de poder aceptar que el otro es diferente, la otredad, el distinto a nosotros, el que piensa distinto. Para los judíos va a ser un ejercicio muy necesario e imprescindible, porque estamos muy lejos de aceptar el mundo palestino si no aceptamos nuestras propias diferencias. Así que cuando me preguntas lo que nos une, yo te diría que en este momento está más claro lo que no nos une. 

En ambos lados los civiles son objetivo de los ataques, aunque la diferencia en daños y bajas es incomparable. Imagino que quienes critican tu posición te recuerdan que estás bajo los ataques de cohetes desde Gaza. ¿Qué les respondes? 

Zully: Estoy en este país desde hace sólo catorce años y tengo una experiencia de militancia combativa en Argentina, así que conozco un poco de la locura que puede vivir un grupo que está con vendas en los ojos, sin mirar la realidad, convencido de un triunfo y convencido de que el pueblo los apoya y no pueden mirar al costado. ¡Claro que no estoy de acuerdo! ¡Claro que estoy enojada con Hamas! Pero esto a mí no me sirve para buscar la paz. El que tiene el ejército más fuerte es el primero que se tiene que retirar y hay que ver cómo se les hace entender a esta gente lo que hay que hacerles entender, porque finalmente lo que están haciendo es algo que muy pocos grupos guerrilleros han logrado, están logrando la adhesión de gente que ha visto bombardear a su familia y a sus casas. Así que tenemos que tener cuidado porque a estos tipos, de los que no tengo duda sobre su nivel de locura, no está pudiendo contrarrestarlos el nivel de locura judío. 

Se puede pensar que parte de la intencionalidad del ataque israelí es conseguir que la población de Gaza se enfrente a Hamas como teórico causante del daño que están recibiendo y, sin embargo, da la sensación, como comentas, de que están consiguiendo justamente lo contrario. 

Zully: Claro, están consiguiendo lo contrario. Es gente que no tiene ni la menor esperanza ni de encontrar trabajo, ni de salir del lugar, ni de darle una opción a los hijos… Y, de pronto, ante el discurso de Hamas, que les puede vender la ilusión de la esperanza… ¿¡Qué es lo que van a comprar aún a costa del sacrificio de sus propios hijos, si igualmente los están sacrificando en el lugar donde viven!? Así que si el objetivo de Israel era aislar a Hamas de su gente, eso no lo está logrando. 

Para mí personas como vosotras sois, de alguna manera, héroes en un entorno hostil. Pero no sé si de alguna forma sientes que vuestra posición puede ser utilizada por personas que no creen en la posibilidad de una coexistencia. 

Zully: Es muy difícil hacer escuchar nuestro discurso. Por eso tenemos que medir las palabras, hacernos responsables de las consecuencias. Por eso ante todo aquel que pone en la red algo que tenga que ver con el discurso del odio, yo respiro hondo y los hago callar. Sí, puede ser usado de cualquier lado, esto uno siempre lo sabe, tiene que medirse, tiene que evaluar las consecuencias, pero no por eso vamos a callarnos. Hay que terminar con la conquista, punto. 

El sábado pasado unas 5000 personas en la manifestación de Tel Aviv. ¿Soñamos con 10.000 en la próxima o es mucho pedir en este momento? 

Zully: Sé que unos cuantos miles no llegaron porque se decía que la policía no estaba dando autorización y había discusión sobre si se hacía o no, y algunos se enteraron tarde de que había autorización de la policía. Además había temor de que los grupos de derechas se infiltraran dentro de la manifestación, suelen ser muy violentos. No sé si podría responder a tu pregunta diciendo que vamos a ser 10.000, pero vamos a crecer, no sé en qué grado, no sé cuándo vamos a llegar a los10.000, pero si somos sensatos vamos a seguir creciendo

Carlos Pérez Cruz

martes, 29 de julio de 2014

Elizabeth Tsurkov: “En Israel no existe la más mínima empatía con el horror de Gaza”

Tiene 27 años, vive en Ramat Gan (cerca de Tel Aviv) y se define como activista de derechos humanos. Trabaja en una organización de ayuda a refugiados africanos, emigrantes laborales asiáticos y víctimas de trata de personas. Escribe en inglés y hebreo para diferentes blogs y páginas de periodismo “ciudadano”. Es una de esas escasas voces israelíes que hace pública su desaprobación de las políticas bélicas y de ocupación del gobierno de Israel. El pasado sábado participó en Tel Aviv en la que hasta ahora ha sido la manifestación más numerosa en Israel contra el asedio a Gaza.

Elizabeth Tsurkov

Unas 5000 personas se manifestaban en Tel Aviv. Parece una enorme minoría. ¿Cómo podemos interpretar la reacción de la sociedad israelí? 

Desde luego que 5000 personas no son muchas, pero acabamos bastante satisfechos. Como has dicho, fue la protesta más numerosa desde el comienzo de la guerra. En tiempos de guerra, a la gente le suele resultar incómodo protestar, incluso aunque esté en contra de las acciones del gobierno. A eso hay que sumar el hecho de que todas las protestas contra la guerra que ha habido en Tel Aviv han terminado de forma violenta por los ataques que hemos sufrido de los racistas, eso hizo que mucha gente no viniera. Pero muchos, aunque sabían que habría violencia y que podían ser atacados, vinieron. Realmente es un logro. 

Nos han llegado noticias de esas agresiones a manifestantes, incluso de checkpoints espontáneos en la calle para discriminar a árabes e izquierdistas. ¿Es algo nuevo en Israel? 

Sí, es nuevo. Empezó antes de la guerra, cuando secuestraron y asesinaron en Cisjordania a los tres chicos israelíes. A los israelíes no les dijeron que habían sido asesinados, a pesar de las evidencias que sugerían que había sido así. En el coche en el que les dispararon había mucha sangre. No lo contaron, así que la gente sintió que la operación que tenía lugar en Cisjordania era para rescatarlos. Fue un momento de fuertes emociones en Israel y el gobierno se encargó de excitar mucho a la población. El resultado fueron protestas contra los árabes y esas protestas derivaron en ataques contra ellos en Jerusalén, incluso ataques al azar a gente que simplemente caminaba y que parecía árabe, los acosaban. Cuando empezó la guerra y empezamos a protestar, fuimos objeto de esa violencia. Es algo inaudito en Israel, nunca se había ejercido una violencia así contra manifestantes israelíes judíos. En otras ocasiones hubo gente que protestó contra nosotros. En la anterior operación, ‘Pilar Defensivo’, hicimos una manifestación y frente a nosotros hubo una contramanifestación. Nos gritaron cosas terribles, pero nunca nos atacaron, en ningún momento sentí miedo. Ahora cada vez que vas a una protesta sabes que hay muchas probabilidades de salir herido.


¿Piensas que esto va a ser, de alguna manera, un punto de inflexión en la vida israelí? 

Es una buena pregunta. Espero que no. Quienes se manifiestan contra nosotros y nos atacan sin duda quieren que éste sea un punto de inflexión para que la gente deje de manifestarse contra la guerra y las acciones del gobierno. Quieren que sea un punto de inflexión para que ilegalicen cualquier tipo de gesto de los árabes israelíes en expresión de sus legítimos sentimientos de hermandad con la gente de Gaza. Espero que éste no sea un punto de inflexión y estamos peleando para que no lo sea. Seguimos yendo a las protestas, aunque sabemos que puede haber violencia, para demostrar que no nos rendimos y no vamos a callarnos. Espero que tengamos éxito. 

Hemos visto a israelíes celebrar los ataques sobre Gaza como si estuvieran viendo una película de acción en el cine, a una diputada que pedía el asesinato de las madres palestinas, la prohibición de emitir en la radio una campaña con nombres de niños de Gaza muertos, etcétera. ¿Ha ganado el fanatismo? 

Es una buena pregunta. Creo que es pronto para decirlo, pero lo que está pasando en Israel… Ha habido operaciones en el pasado contra las que hemos protestado pero nunca habíamos sentido que nos deslegitimaran con tanta violencia. Nadie está condenándola, salvo los partidos de la oposición. Nadie del gobierno condena los ataques contra nosotros, aunque incluso hay gente hospitalizada como resultado de ello. En las protestas de la gente de derechas los gritos son realmente horribles. Celebran la muerte de los niños de Gaza, cantan que Gaza es un cementerio, se alegran por ello, no hemos escuchado ni una sola condena. La derecha está yendo más a la derecha todavía. Ahora es incluso más difícil que se escuche nuestra voz. El hecho de que ni siquiera se pueda emitir un anuncio que básicamente mencionaba nombres de niños palestinos que habían sido asesinados… ¡Ahora incluso eso está fuera de lo permitido y es controvertido! No existe ni la más básica empatía, humanidad y reconocimiento de todo el horror y el daño que se está haciendo en Gaza. Incluso quienes apoyan estos ataques y esta operación sobre Gaza y dicen que tenemos que erradicar el terrorismo, destruir los túneles, acabar de una vez por todas con los cohetes, deberían ser capaces de reconocer qué se está haciendo en su nombre, toda esa destrucción y la cantidad de muertes de civiles inocentes. Los israelíes no quieren verlo y entran en una especie de espiral en la que no son conscientes del nivel de destrucción y sufrimiento humano que se está viviendo en Gaza, e incluso algunos de los que sí son conscientes lo justifican diciendo que todos ellos son escudos humanos y que todo el vecindario está lleno de terroristas y que por esa es razón debe ser destruido. Debido a esa falta de conciencia sobre el nivel de destrucción, siguen animando al ejército y a los líderes israelíes para que intensifiquen los ataques. Según una encuesta del Canal 10, el 71% de los israelíes apoya la continuación de los ataques porque piensan que todavía no se han alcanzado todos los objetivos. Es una especie de círculo vicioso, la gente no sabe lo que está pasando sobre el terreno así que piensa: “¡vamos! ¡¡Entrad ahí!! ¡Dadles duro!”. Y esa es la razón por la que Hamas no se va a rendir. De hecho, Hamas tiene sus propios métodos de adhesión. El sufrimiento de Gaza no es algo que les preocupe demasiado, por eso no se va a rendir.


Algunas personas prefieren no expresarse públicamente. ¿Qué precio paga hoy un israelí por oponerse a las políticas bélicas de su gobierno e incluso por defender los derechos de los palestinos? 

Ser reconocido en la calle como alguien de izquierdas te hace susceptible de recibir un ataque. Por otro lado, aunque no es algo mayoritario, hay gente que ha sido despedida de su trabajo por expresar su punto de vista, no sólo palestinos sino también israelíes de izquierdas. En general, y te lo puedo decir por propia experiencia, te hacen sentir como una especie de traidor, alguien que apoya a Hamas. Porque el gobierno está diciendo que este es un ataque contra Hamas, aunque la mayoría de los que han muerto no son de Hamas, son civiles. La gente piensa que si te opones a la guerra estás apoyando a Hamas y eso es lo que me dicen. Me dicen que estoy apoyando al enemigo, que soy una traidora y que debería ir a Gaza si es que tanto me gusta Hamas. Es muy triste ver eso. 

Imagino que hay una motivación común entre los manifestantes: detener los bombardeos y la invasión de Gaza. ¿Hay también una posición común sobre cuáles son las causas del conflicto entre palestinos e israelíes o incluso sobre sus soluciones? 

La gente que protesta contra la guerra es gente que podríamos definir como de la izquierda radical. La mayoría de la gente que se manifiesta no es sionista, pero también los hay. Si abrimos el plano, algunos apoyan la solución de los dos Estados y otros la solución binacional, pero todos piensan que negociar es la manera de evitar… Tenemos ahora una guerra cada dos años y todos pensamos que, en vez de luchar cada dos años y destrozar Gaza en una nueva guerra, en vez de que mueran tantos soldados israelíes, lo que hay que hacer para solucionar la cuestión de los cohetes y de los túneles es negociar. Algunos dicen que hay que negociar con la Autoridad Palestina, otros que directamente con Hamas, pero todo el mundo está de acuerdo en que golpear y destruir una gran parte de Gaza cada dos años no es la forma de evitar más cohetes y más túneles. 

Me gustaría conocer tu posición personal, lo más lejos posible de la realpolitik. Si de ti dependiera, ¿cuál sería una solución justa para poner fin a tantas décadas de violencia y para facilitar la coexistencia? 

Apoyo la solución de los dos Estados porque pienso que es la única manera de que los israelíes y los palestinos, que tanto se odian, puedan vivir juntos sin matarse los unos a los otros. En un mundo ideal apoyo que no existan fronteras, pero pienso que no va a pasar y es muy peligroso intentar encontrar en un único Estado una solución que satisfaga tanto a los colonos como a los seguidores de Hamas. Esa es la razón por la que apoyo la solución de los dos Estados. Dentro de un tiempo, cuando pasen varias generaciones, cuando la gente ya no se odie y en vez de dedicarnos a hablar de lo malos que son los otros y de lo buenos que somos nosotros hablemos de las cosas que tenemos en común, cuando más israelíes sepan árabe y más palestinos hebreo y podamos comunicarnos, comerciar y ser capaces de vivir juntos, quizá entonces se puedan eliminar las fronteras, pero creo que eso nos va a llevar muchísimo tiempo. 

En ambos lados los civiles son objetivo de los ataques, aunque la diferencia en daños y bajas es incomparable. Imagino que quienes critican tu posición te recuerdan que estás bajo los ataques de cohetes desde Gaza. ¿Qué les respondes? 

Yo misma estoy bajo ataque de los cohetes, estoy en su margen de alcance. Antes del alto el fuego en que estamos ahora [La conversación tiene lugar la tarde del lunes 28 de julio], hemos tenido al menos un ataque al día con cohetes en el que hemos tenido que correr a los refugios. Veo a Hamas como una organización terrorista, ellos apuntan a civiles y operan entre civiles para dificultar que les alcancen, no tengo ninguna duda de que están cometiendo crímenes de guerra. Pero, el hecho de que en un lado estén cometiendo crímenes, no justifica que nosotros los cometamos. Pienso que hay formas de enfrentar el problema de Gaza que no implican tanto placer en la destrucción. Y ahora gracias a la ‘Cúpula de Hierro’ podemos permitirnos no sobreactuar como lo estamos haciendo. Por ejemplo, los arrestos en Cisjordania que siguieron al secuestro y asesinato de los tres chavales fueron un duro ataque a miembros de Hamas, aunque supiéramos que no estaban implicados en terrorismo sino que participaban en algún tipo de actividad política. Eso dio como resultado que el lanzamiento de cohetes desde Gaza se intensificara. Esos cohetes no habían matado a nadie gracias a la ‘Cúpula de Hierro’, gracias a los refugios que tenemos, gracias a las sirenas... Para Hamas debe de ser muy frustrante lanzar los cohetes -no son nada fáciles de hacer, les supone un enorme esfuerzo construirlos-, y que uno tras otro sean interceptados, que prácticamente no causen daño. Han sido asesinados tres civiles en Israel como consecuencia del lanzamiento de estos cohetes y han lanzado dos mil. Eso demuestra que la ‘Cúpula de Hierro’ funciona y que estamos bastante seguros. ¡Tenemos que sacar provecho de esta relativa seguridad para no sobreactuar y ponernos a atacar y decir que esa es la mayor amenaza que debemos eliminar! En vez de enormes operaciones tenemos que empezar a negociar con el gobierno de unidad entre Fatah y Hamas. Sólo las negociaciones permitirán que acabe esta forma de miserable degeneración de derechos que lleva a que la gente de Gaza nos lance los cohetes. 

Permíteme que piense que personas como tú sois, de alguna manera, héroes en un entorno hostil. Pero no sé si de alguna forma sientes que vuestra posición puede ser utilizada por personas que no creen en la posibilidad de una coexistencia. 

Luchamos para hacer entender nuestro mensaje. La gente que tiene miedo de los palestinos piensa que la única forma de tratar con ellos es mediante el uso de la fuerza. ¡Y los palestinos sienten lo mismo! Para ser honesta, les entiendo, porque Mahmoud Abbas, el líder de la Autoridad Palestina, es moderado, lucha contra el terrorismo, arresta a gente que está involucrada en cualquier tipo de actividad contra Israel, incluso fue a la televisión israelí y dijo básicamente que abandonaba la petición de retorno de los refugiados… Por todo ello los palestinos lo consideran un traidor. Y, ¡a pesar de eso, a pesar de que renunció al terrorismo hace décadas, Netanyahu no negociará en serio con él! Así que se preguntan: “¿cuál es el sentido de todo esto? Vemos que los asentamientos crecen, también los ataques de “price tag” [ataques de colonos contra palestinos y sus propiedades, como la quema de olivos], que seguimos sufriendo bajo el yugo de la ocupación... ¿Qué logramos si nos asesinan? ¿Qué conseguimos si hablamos? Nada se consigue hablando, lo único que entienden los israelíes es la violencia”. Hamas utiliza la violencia en Gaza y se oculta, Hizbula la utiliza en Líbano y se oculta. Hamas secuestra a un soldado y liberan 1000 prisioneros en el intercambio. Así que la gente entiende que la única forma de inducir a Israel a que haga algo es utilizando la violencia. Y es muy triste el consenso en ambos lados ahora mismo. 

Como israelí que vive allí y que denuncia las políticas de su gobierno. ¿Qué idea tienes del BDS, del boicot del resto de países hasta que Israel cambie sus políticas? 

En primer lugar, en Israel ahora es ilegal hacer un llamamiento al BDS así que ni siquiera puedo decirte cuál es mi posición al respecto. Si te puedo decir que me opongo al boicot de las instituciones educativas, de las universidades, porque las universidades israelíes son una fuerza muy positiva. En Israel los niños básicamente pasan por un sistema educativo que está controlado desde hace veinte años por la derecha, y eso da como resultado que el programa que están aprendiendo es bastante nacionalista y derechista. Los críos salen del sistema educativo israelí derechistas y sin ningún tipo de herramienta crítica. Un gran objetivo durante el tiempo que pasan en el instituto es prepararlos para el ejército y sus ideas. Las escuelas están valoradas en base al número de alumnos que al finalizar ingresan en el ejército. Así que desde mi propia experiencia te puedo decir que las universidades le dan la vuelta a los israelíes que hablan como ovejas, que piensan, obedecen y se dejan llevar por la atmósfera general de nacionalismo y militarismo. La universidad cambia realmente a la gente. Lo vi en mí, las universidades son una fuerza muy positiva. Esta es la mejor forma que tengo de expresarte mi opinión.

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Carlos Pérez Cruz