miércoles, 13 de agosto de 2014

Erika Jara: "A un niño que sólo ve soldados y colonos le cuesta entender que no todos los israelíes son iguales"

La periodista navarra Erika Jara vive y trabaja en Cisjordania desde hace cinco años, desde donde colabora con diversos medios de comunicación. 


Erika Jara



Saliste de Cisjordania antes del estallido del ataque israelí a Gaza, has vuelto en plena ofensiva, ¿hay un antes y un después en el ambiente? 

Sí, hay un antes y un después. Sin llegar a una verdadera explosión, que es lo que se ha llegado a temer en ambos lados en diferentes momentos, pero sí se nota un antes y un después. Cuando me fui las cosas estaban muy tranquilas y durante los últimos años aquí se ha respirado cierta apatía sobre el conflicto. Las manifestaciones, incluso las más famosas, a las que iba más gente, casi habían dejado de tener lugar o se producían con mucho menos fervor, y ahora con esto han vuelto las manifestaciones, la gente se ha echado a las calles. Una de las cosas que ha cambiado es ver el apoyo que ha prestado a los palestinos mucha gente alrededor del mundo por lo que está sucediendo en Gaza. Eso les ha sorprendido mucho porque, aunque sabían que tenían la simpatía de la gente, a lo mejor no de los gobiernos, verlo en la tele, en internet, ver cómo la gente ha salido a la calle en París, en Chicago, en Barcelona, en todas partes, ha animado a muchos a hacer algo, a unirse a una manifestación o a unirse con todas las fuerzas al movimiento de boicot. Aquí hacer boicot es realmente difícil porque en Barcelona o en Pamplona puedes encontrar un montón de productos en las baldas, pero aquí no hay mucho donde elegir, así que elegir boicotear es bastante difícil. Incluso en el ámbito doméstico la gente ha cambiado, está intentado aportar todo lo que puede. Aquí en Beit Sahour y en Belén se han cargado varios camiones con ayuda para Gaza. Todo el mundo está pendiente y mira qué puede hacer para aportar algo. 

Has comentado la cuestión del boicot en Palestina y esto es quizá algo en general más desconocido. La gran mayoría de los productos que se pueden consumir en Territorios Ocupados son, obviamente, israelíes. 

Exactamente. Hay productos palestinos y, por supuesto, se venden, pero hay otros productos que Palestina no puede producir, por lo que a los palestinos no les queda más remedio que comprar los productos israelíes. El único mercado que tiene Palestina para exportar e importar es Israel. Algo exporta fuera, pero el 90%, si no más, de las importaciones y exportaciones de Palestina se hacen con Israel. En Barcelona llegas al estante de los tomates o de cualquier producto y tienes un montón de marcas internacionales para elegir, aquí un palestino que se propone hacer boicot lo tiene difícil. 

Hasta el momento en que tenemos esta conversación [lunes 11 de agosto 2014] son 19 los fallecidos por disparos israelíes en Cisjordania, entre ellos varios menores. En junio fueron más de 400 los detenidos por Israel en el curso de lo que el gobierno de Netanyahu justificaba como la búsqueda de los tres israelíes secuestrados, finalmente asesinados. Elementos que han agitado quizá como hace mucho que no se producía esta parte de Palestina. Se llegó a incluso a mentar una Tercera Intifada. ¿Más deseo de algunos que posibilidad real? 

Sí, más bien. En efecto, han muerto ya 19 personas. La cifra puede ser mayor que en otras épocas en las que la cosa está más tranquila, pero también hay que decir que como ahora están todos los medios por aquí, cubriendo Gaza, cubren de paso lo demás, pero es cierto que se suelen ignorar bastante este tipo de muertes porque durante el año también se producen. Durante el año también hay manifestaciones, gente que muere aquí y allá, pero los medios no lo cubren. Quería dejar constancia de eso, que ahora parecen mucho 19 muertos desde que empezó lo de Gaza, pero es que cuando no hay Gaza también se producen. Sobre la Tercera Intifada: hubo un momento, al principio, en el que la gente pensó que Cisjordania podía despertar. Se han dado sentimientos contradictorios. Por un lado, la gente salió a la calle con toda su rabia y hubo manifestaciones de varios miles de personas en Belén, de cientos en según qué pueblos, como no se habían visto desde hacía muchos años –porque es verdad que había manifestaciones aquí y allá contra el muro los viernes después del rezo-. Mucha gente pensó que quizá podía ser el comienzo de la Tercera Intifada, pero aquí se han cruzado sentimientos encontrados. Por un lado está la gente que quería ir a por todas, sobre todo los jóvenes, que han vivido menos momentos de gran conflicto. Y luego están los mayores, que han vivido las intifadas, alguno la Guerra del 67, que están más frustrados, que ya saben cómo funciona el juego y que muy probablemente si no cambia un poco la balanza internacional poco van a conseguir tirando piedras a los soldados. Entre los mayores, he oído hablar de gente a la que este nivel de conflicto –el otro día cayó en Beit Sahour un cohete desviado de Hamas- le ha hecho revivir alguna de las peores pesadillas. Eso creó también una especie de choque entre las ganas de ir hacia delante con todo -porque para valientes los palestinos, eso es innegable- y los recuerdos de lo vivido en la Segunda Intifada y otros momentos que no sirvieron para nada. De una u otra manera, saliendo a la calle, mandando dinero a Gaza, todo el mundo se ha volcado en la medida en que ha podido o considerado oportuno.

Erika Jara en Belén

La irreconciliable relación entre Fatah y Hamas pareció reconciliarse con la formación de un gobierno de unidad, excusa que llevó a Israel a dar por muertas las últimas y sempiternas negociaciones de paz. La unidad palestina es quizá la mejor noticia en años para los palestinos, ahora en el aire por la situación en Gaza. Para que los lectores se hagan una idea: ¿cuál es la implantación de Hamas en Cisjordania y cuál la percepción que ambos partidos tienen en la población? 

Hamas prácticamente no existe en Cisjordania, porque una de las cosas que ha ido acordando la Autoridad Palestina -tanto en Oslo como en la Hoja de Ruta y en los sucesivos tratados o pseudotratados que se han ido firmando-, era deshacerse del terrorismo en Cisjordania, reducir la violencia a cero. ¿Qué significaba eso? Eliminar a Hamas. La Autoridad Palestina encantada, porque es su principal rival. Desde el momento en que se acordó eso, la Autoridad Palestina ha arrasado en Cisjordania. Por otro lado, tienes a la mayoría de parlamentarios de Hamas en Cisjordania –porque Hamas ganó las elecciones parlamentarias- encarcelados por Israel. Los pocos a los que no se llevó por delante la Autoridad Palestina se los llevó Israel. En Cisjordania Hamas está prácticamente muerto. Por otro lado, en cuanto a la opinión de los cisjordanos respecto a Hamas y lo que está pasando en Gaza, hay gente a la que le gusta Hamas y otra a la que no pero, en general, nadie niega que Hamas ha plantado cara a Israel en esta guerra, con los túneles que se han descubierto, llegando con los cohetes a un alcance que nadie pensaba que fueran a llegar… Hay un sentimiento de respeto a Hamas. Hay gente a la que no le gustan sus ideas políticas, a la que no le gusta su manera de funcionar, a la que no le gustaría tenerlo de gobernante, pero existe ese sentimiento de respeto por haber plantado cara y por haber mostrado una valentía que no demostró la Autoridad Palestina cuando desparecieron los tres colonos. 

¿Cuál es la percepción sobre Fatah? Sobre la Autoridad Nacional Palestina, en definitiva. 

Cuando desaparecieron los tres colonos y la Autoridad Nacional Palestina se unió a Israel para buscarlos por Cisjordania… Eso significó registros indiscriminados de casas por las noches, dejarlas medio destruidas... En verano Israel suele cortar el agua para desviarla hacia las colonias, porque hay escasez de agua, y lo que hacen los palestinos es construir pozos debajo de su casa para compensar la falta de agua cuando Israel la corta, de forma que se dedicaron también a justificar que podían haberlos escondido dentro de los pozos, así que sacaron de ellos el agua y, por supuesto, no la repusieron después de buscar. Y la Autoridad Palestina se mostró muy colaboradora, por lo que en ese momento perdió muchísima credibilidad, muchísimos puntos que ya tenía en realidad perdidos de antemano. En Cisjordania es bastante difícil encontrar un palestino que no trabaje para la Autoridad Palestina y que te diga que le encante. Su popularidad es bastante baja. Ahora ha salvado un poco los muebles yendo a Roma. El Ministro de Exteriores ha ido y está por ratificar el Estatuto de Roma por el que podrían acceder a la Corte Penal Internacional para denunciar a Israel. Desde hace una semana estamos esperando a ver qué pasa. Firmarlo y unirse a ese tribunal significaría desafiar a Estados Unidos e Israel, cosa que la Autoridad Palestina no suele tener muy claro, y además, en el momento en el que el tribunal se pusiera a investigar los crímenes de guerra lo va a hacer en los dos bandos, no solamente en Israel, con lo que a Palestina también se le puede investigar y se le puede denunciar, investigar los crímenes de Hamas a lo largo del conflicto, etcétera. La parte palestina puede salir también mal parada. Estamos desde hace una semana esperando a ver qué pasa, lanzaron el órdago y desde entonces no ha habido noticias nuevas. La gente con la que hablo en Cisjordania piensa que al menos han salvado los muebles y que si dan realmente el paso los apoyarán, ahí recuperarían algo de su popularidad. Ya ha habido antes otros órdagos que desafiaban a Israel y a Estados Unidos que al final no se ganaron o se retiraron antes de tiempo. La gente está a la expectativa. 

La realidad en Gaza y Cisjordania es diferente. Gaza vive un bloqueo, Cisjordania en cierto modo también y, sobre todo, percibe cara a cara la ocupación. Los soldados están sobre el terreno, los colonos también. La desconexión entre Gaza y Cisjordania, la diferente realidad entre una zona y otra a pesar de que en origen el problema es el mismo, ¿han alejado al palestino de Cisjordania del palestino de Gaza? 

Sí, evidentemente. Hay muchas familias que tienen familiares en Gaza y gazatíes que tienen familiares en Cisjordania y no se ven desde hace muchísimos años. Ya simplemente por la diferencia de gobiernos, en cada sitio se ha creado un ambiente. Pero incluso en la propia Cisjordania, porque está dividida en áreas de control A, B y C (A de control palestino; B, control compartido y C de control israelí), se han creado islotes. Las zonas A son los núcleos de las ciudades. Tienes una zona en Belén, una zona en Hebrón, una zona en Nablus y así sucesivamente. Son islotes, y en cada ciudad se ha creado un ambiente propio y su propia rutina. No dejan de ser ciudades palestinas, pero cada una se ha creado su propia forma de funcionar. Si eso pasa en la misma Cisjordania, imagínate el salto de Cisjordania a Gaza.

Erika Jara frente al muro en Belén

Incluso el hecho de haber construido el muro de separación, que está construido sobre parte de los Territorios Ocupados, hace que los israelíes y los palestinos hayan perdido una conexión que antaño era normal y cotidiana. 

Exactamente. El muro, como bien decías, está construido en un 85% dentro de territorio palestino y sólo un 15% lo está sobre la Línea Verde, lo cual lo haría legal. El muro no es que sea ilegal porque sea un muro o porque sea feo, es ilegal porque no está construido encima de la Línea Verde. Es cierto que antes del muro, antes del Tratado de Oslo, Israel ocupaba las ciudades, había soldados por todas partes, los colonos cruzaban por el medio de las ciudades de Belén o de Ramala para ir a su casa, etcétera. Era un ambiente muchísimo más tenso que el de ahora en todas partes, pero la contrapartida era que los palestinos podían moverse a cualquier sitio. Podían irse a Tel Aviv si querían, podían ir a Nablus, a cualquier sitio. Es verdad que atravesando un montón de checkpoints, pero según las leyes israelíes podían ir donde quisieran. Una vez se construyó el muro dejaron de poder hacerlo y ahora necesitan permisos para salir al lado israelí, etcétera. ¿En qué ha repercutido? En que los israelíes ya no van a las ciudades cisjordanas. Antes, por ejemplo, Ramala, aparte de por la vida nocturna, era famosa por sus dentistas, que eran bastante mejores y más baratos que los israelíes y los israelíes iban a Ramala al dentista. En Belén había mucha gente de Jerusalén y de Tel Aviv que iba en sabbath a hacer compras porque era más barato… A Jenin, igual. Iban a comprar productos típicos de Nablus, etcétera. Había una relación y una interacción. De hecho las generaciones más mayores todavía mantienen sus amigos. Hace igual diez o quince años que no se ven pero mantienen una relación telefónica. Cuando hay algún tipo de conflicto se llaman para ver qué tal están, todavía hablan, no han perdido esas amistades. El problema es que los jóvenes, las nuevas generaciones –el muro empezó a construirse en 2003-, no están teniendo la oportunidad de acceder de una manera tan fácil a los israelíes. Si al final lo único que saben y lo que ven de los israelíes es soldados y colonos y para ir al otro lado, donde podrían encontrar a gente de a pie, más normal, necesitan permiso, entonces el contacto, por supuesto, se rompe. Sí que es cierto que las ciudades palestinas fronterizas como Ramala o Belén, cuando la gente consigue permisos, notan quizá más cercano el otro lado. Mucha gente que conozco en Belén tienen amigos israelíes al otro lado, gente joven, aunque es verdad que no muchos. Se ven cuando consiguen el permiso para ir a visitarlos al otro lado o cuando el israelí dice, “bueno, ahora que la cosa está tranquila, voy a Belén un sábado para visitaros”. Pero ya son visitas, momentos o celebraciones muy puntuales, ya no es algo que fluya como antes. 

Una de las claves de la deshumanización del otro, la falta de contacto generada con el muro como principal factor. 

Sobre todo donde más se puede ver es en los niños, sobre todo en Hebrón, que lo único que ven es soldados y colonos. Los padres, los más mayores, los que tienen una visión más global, les intentan explicar que no todos los israelíes son iguales, que hay que distinguir, y al niño le cuesta un montón entenderlo. Esos son los niños que dentro de veinte años van a estar trabajando y los que van a liderar la sociedad. 

Desde Israel han llegado noticias de que el ataque a Gaza ha perjudicado al turismo en este verano. Lo que no suelen es llegar noticias del turismo a Palestina, que haberlo lo hay. ¿Se ha visto afectado el turismo a los Territorios Ocupados este verano? 

Sí, muy afectado. Los pocos turistas que hay ahora mismo en Belén y en Jerusalén están disfrutando un montón, porque no tienen que esperar colas ni darse de codazos en los monumentos con nadie. Ha habido muchísimas cancelaciones, las agencias palestinas, tanto alternativas como normales, están ahora mismo mirando al techo porque hay un montón de grupos que han cancelado. Se nota también en las calles de Belén, con los grupos que visitan la Iglesia de la Natividad, ahora no hay nadie salvo mochileros sueltos y algún grupo pequeño. En Jerusalén lo mismo, las calles están bastante desiertas, los monumentos igual. El otro día estuve en el Monte de los Olivos, en el que normalmente te tienes que abrir paso hasta el mirador poco menos que empujando a la gente porque siempre hay cinco o seis grupos, y no había nadie. Una pareja que se veía que había venido por libre mirando el paisaje y yo. Me imagino que ha sido un duro golpe para el turismo. Para el israelí también, pero sobre todo para el palestino, porque la supervivencia de mucha gente depende de ello, ya sea por la agencia o por la tienda de souvenirs o por lo que sea. 

Una de las cuestiones en las que más sueles incidir es en que no todo en la vida palestina es dolor ni violencia, que es lo que solemos transmitir. Parecería incluso que los palestinos han nacido para morir, dado el retrato de muerte permanente que transmitimos. ¿Cómo es la vida palestina en su cara más alegre? Esa que quieres que conozcamos. 

Lo que a mí me gustaría transmitir es lo que me llamó la atención la primera vez que vine y que se ha ratificado con el paso del tiempo. Los palestinos, otra cosa no, pero alegría, toda. En Gaza no puedo hablar del día a día, pero en Cisjordania la gente es alegre de serie, por naturaleza. Tendrá sus malos momentos, sus momentos de rabia, de dolor, por supuesto. Pero el día a día, si tuviésemos que vivir nosotros este día a día que viven ellos, no estaríamos así de alegres ni de lejos. Un occidental no creo que aguantase esto. Y esa es una de las cosas que me llamó la atención al venir, que a pesar de que puedan estar machacados por la ocupación, de que puedan tener sus opciones de futuro muy limitadas, a pesar de depender de permisos, de los arrestos nocturnos, etcétera, se toman todo con buen sentido del humor, son muy creativos, y eso para mí es lo que más les dignifica. Hace poco estaba hablando con un palestino que lleva una agencia de viajes en Beit Sahour y me decía que durante la Segunda Intifada, cuando llegaron los soldados israelíes aquí -hubo un momento en que Belén estaba sometida a toque de queda-, entre idas y venidas, ya tenían localizado al comandante. Durante el tiempo de toque de queda, entraron los soldados mil veces a las casas, se llevaron todo… Porque además, durante la Primera Intifada, los de Beit Sahour se habían negado a pagar cualquier tipo de impuesto y habían sido bastante activos, por lo que los israelíes los tenían un poco entre ceja. Entraban a las casas, las destrozaban, se llevaban a la gente arrestada… Y un día, cuando se iba tranquilizando la situación, éste hombre se encontró por las calles, todavía bajo ocupación, con el comandante. Y el comandante le dijo: “¿Sabes qué es lo que más me fastidia? Que a pesar de que os hemos cerrado las casas, os hemos reventado las carreteras, os hemos robado –no dijo robado, obviamente-, nos hemos llevado todo, paso los sábados por la tarde por las calles y siento el olor a barbacoa”. Y claro, le contestó: “¿Qué te parece? Que porque vengas a ocuparnos y vengas aquí a destrozarnos la vida, ¿piensas que vamos a dejar de hacer barbacoas? ¡Si no tenemos otra cosa que hacer! Estamos en toque de queda, por lo que yo invito a todos mis vecinos a hacer una barbacoa en casa”. Ese es el espíritu, nunca decae y siempre intentan sacar algo bueno de donde podías pensar que no lo hay. Eso para mí les otorga una dignidad increíble

Carlos Pérez Cruz

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